Que nadie olvide el 20 de diciembre de 1989. Las bombas que nos envió Estados Unidos fueron reales, y también los muertos panameños de aquella “Causa justa”, que nos preparó Bush padre, presidente de aquel país que algunos suponen, hoy y entonces, garante de la democracia.
Putin llama a su “Invasión” ⸺con eufemismo tan elocuente como el de los gringos⸺, “operación especial”, que hasta suena positivo y por el bien de los ucranianos, pobres, nazificados como están, necesitan un salvador y, claro, allí está el “hermano” ruso para hacerles el favor.
Nunca hubo ni habrá “causas justas”, ni “operaciones especiales” que justifiquen la muerte de inocentes, aunque alrededor del mundo se multipliquen los defensores de unos y otros, olvidando que, hace muchísimo tiempo, esto no trata de ideologías, sino de poder, dinero y hegemonía. Hace mucho tiempo que no se veía tanto ignorante junto con problemas para condenar una Invasión (con mayúsculas, sí).
Aprendamos una cosa: los malos de ahora, fueron los buenos de antes, y estos buenos de hoy, luchadores por la “paz” y la “democracia”, fueron los que pisotearon nuestro territorio y mataron a nuestros compatriotas. No, Rusia no es una hermanita de la caridad, ni lo es la OTAN, ni los Estados Unidos, ni la Unión Europea: aquí cada uno vela por sus propios intereses.
No nos dejemos arrastrar por los grandes discursos ni por los héroes, porque son sólo palabras, y los que hoy parecen buenos, serán los bandidos en el siguiente episodio. Optemos por el equilibrio, dejémonos de ser ingenuos y condenemos a cualquiera que entre a tiros en casa del vecino, y no olvidemos que el pueblo ruso no es Putin, como no era el pueblo estadounidense Bush padre.
Que estalle la paz cuanto antes, y que resplandezca la luz de la razón y el criterio: asesinar es, a derechas o izquierdas, lo mismo: cada ucraniano, ruso, estadounidense o panameño, tiene derecho a la paz, tiene derecho a vivir.
El autor es escritor
