Muy joven me decidí por la carrera de abogacía, supongo porque que me gustaba recitar, memorizar discursos y discutir con mis hermanos. Ya en la Facultad de Derecho, fui dándome cuenta que era mucho más que eso. Se trataba entonces de leyes, procesos, contratos, hechos jurídicos, regulaciones de todo tipo, así estaban las normas procesales, penales, civiles, familia, comercio, recursos naturales, financieras, administrativas, electorales, locales, laborales, relaciones entre los Estados, relaciones entre los ciudadanos y el Estado, un sinfín de materias que relacionaban a las personas con todo lo que hacían y dejaban de hacer. Hay un derecho para cada hecho humano y cada hecho humano, tiene al parecer un instrumento que lo regula.
El derecho bien podría decirse, que es parte de la naturaleza humana, quién a lo largo de su vida, no ha dicho al menos una vez, ¡tengo derecho! Pues sí, el derecho en una de sus acepciones o significados, implica el ejercicio de competencias que tiene una persona frente a otra, o en sus relaciones con el Estado, incluso el derecho de las cosas frente a las personas y Estado. El derecho de un niño frente a sus padres o sociedad, de los ríos, árboles o del patrimonio histórico ante el Estado, del comprador ante el vendedor, del contratado ante el contratista, del ciudadano frente ante la autoridad y sí, muchos más que nombrar en este aparte, pero que dejamos ahí para seguir esgrimiendo estas ideas refrescadas por la fecha.
Así que seguramente, cada humano es un abogado. Pero mejor aboga por el ejercicio del derecho, quien lo conoce, y puede reclamarlo institucionalmente. Por lo general, quienes se licencian como abogados han gozado de la extraordinaria formación que les permite conocer al menos parcialmente, que se perfecciona con la práctica y el estudio, los mecanismos para exigir un derecho, la reparación del agravio, o la defensa frente a arbitrariedades o también, desde la misión del Estado, la protección y defensa de los ciudadanos frente a acciones de las propias personas. Por esa razón, el ejercicio del derecho requiere permanentemente estudio e interés por el conocimiento, al ser una ciencia social, que deriva de la vida en sociedad que es cambiante y evolutiva.
Podemos decir que encontramos abogados, casi en todas partes, no sólo tras los estrados, o ejerciendo en los tribunales o las oficinas administrativas. Están los que ayudan a la redacción de las leyes, profesores, analistas, fiscalizadores, en fin, abogados, una profesión cuya nobleza trata de ser explicada través del ejercicio integro, valiente y comprometido en la defensa del derecho ajeno o de la ley o cualquiera que sea el trabajo nada ocioso del jurídico y vilipendiada en la pillería de un mal ejercicio, la trampa, el camino pérfido o en la defensa de criminales proscritos que también tienen derecho a la defensa.
Por los abogados de hecho y de derecho que celebraron su día este mes, y que escogieron la profesión por amor o imposición, por curiosidad o tentación, por interés o vocación, por los que ejercen y quienes no ejercen, por los que soñaron con el ideal de justicia, en fin, por todos los que llevan en su cartera una copia emplasticada de su idoneidad.
La autora es abogada
