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Cerremos brechas, honremos consensos

Cerremos brechas, honremos consensos
El diálogo del bicentenario fue lanzado el pasado jueves 26 de noviembre en el auditorio de la Ciudad del Saber. Archivo

De cara a 200 años de la Independencia de Panamá de España, han ocurrido hechos que han marcado la historia y nuestra identidad como panameños. Hemos enfrentado crisis económicas, políticas, educativas y sociales desde la colonia. La posterior unión a la Gran Colombia vino teñida de esperanza. La subsecuente desilusión de los istmeños es parte de nuestra historia

Nuestra separación de Colombia trajo consigo una nueva especie de colonialismo: la 6ta frontera de la Zona del Canal. Unos adolescentes cambian el rumbo de la historia. Su sangre inocente es el prólogo de la firma de los tratados Cartes-Torrijos. El 31 de diciembre de 1999, marcó un hito en la historia al recibir el Canal de Panamá y soberanía de frontera a frontera.

200 años más tarde, después de una bonanza de 30 años, hay una severa crisis económica, producto de la pandemia de la Covid-19, graves casos de corrupción, sobrecostos, débil institucionalidad, desigualdad social, falta de infraestructuras en áreas de difícil acceso; un sector agropecuario golpeado y una educación que refleja las falencias y desatención tradicional por décadas. Más de 453 mil niños, niñas y jóvenes en este momento son pobres multidimensionales.

En este contexto, se propone el diálogo del Pacto del Bicentenario (PB), una iniciativa con ambiciones históricas, en la que la ciudadanía ha planteado grandes necesidades e inequidades, también bicentenarias

Al ser comisionado a participar en el PB por Jóvenes Unidos por la Educación, asumimos una enorme responsabilidad como organización para contribuir a hacer efectivo el derecho a la educación, a través de la reafirmación de propuestas de políticas públicas existentes, pendientes de ser implementadas y que, a su vez, la población reclama su ejecución con alto respaldo público, con el propósito que trasciendan gobiernos, así como nuevas iniciativas que surjan de parte de los ciudadanos, la academia y las instituciones.

Exigimos como jóvenes, que en plataformas como el PB, se nos escuche con respeto y sin prejuicios; y que se nos valore cómo seres pensantes que tenemos la posibilidad y el deseo de aportar a esta nación.

Los jóvenes tenemos ideas, objetivos, valores y propósitos. Percibimos que a veces a algunos adultos se les dificulta comprender y aceptar que tenemos nuestros propios ideales, formas de pensar y la capacidad para hacer propuestas. Hasta en ocasiones, dan a entender que pudiéramos estar siguiendo “líneas”. Nada más alejado de la realidad. Los jóvenes queremos participar y hacer planteamientos con base sólida. Pensamos, opinamos y contraargumentamos. Las únicas líneas que seguimos son los principios y valores éticos, fundamentados y reafirmados desde la familia, la escuela y las organizaciones a las que pertenecemos.

Como representante de Jóvenes Unidos por la Educación, mi objetivo en el PB es promover en nuestra sociedad la equiparación de oportunidades; y sacar del diálogo la “mala política”, los dobles discursos y las agendas ocultas que tanto daño hacen a nuestro país.

Ojalá haya más plataformas de convergencia como el PB que ofrezcan espacios de participación a la juventud. Es también nuestra responsabilidad y derecho constitucional.

Como comisionado, destaco el trabajo de cada mesa regional, en especial, la de la Región Occidental. Hemos clasificado más de 9,577 problemas y 661 propuestas nacionales; asimismo, en la Región Occidental, más de 2,778 problemas presentados, y 296 propuestas. Hemos logrado 35 consensos fundamentales en la mesa temática de Educación.

Es necesario reconocer que, desde 1994, se han hecho una serie de propuestas en educación, al menos tres de ellas convocadas desde el Ejecutivo, con la facilitación de organismos internacionales. Los acuerdos y consensos nacionales alcanzados han tenido como obstáculo para su efectiva ejecución, la falta de acompañamiento en el proceso de implementación de lo acordado. Por consiguiente, los acuerdos consensuados no han sido honrados y ejecutados.

Aspiramos a que este diálogo cree las oportunidades necesarias que permitan asegurar, articular y ejecutar propuestas existentes de políticas públicas y las nuevas que surjan, para garantizar una educación de calidad, equitativa e inclusiva como un derecho humano fundamental.

Celebremos los 200 años de independencia no olvidando los esfuerzos de cientos de ciudadanos que por décadas han hecho aportes para la ideación de políticas públicas, honrándolas.

El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación


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