En enero de 1933, Georges Lemaitre y Alberto Einstein viajaron juntos a California para participar en una serie de seminarios. Después que el físico belga explicó con detalles su teoría, Einstein se levantó, aplaudió y dijo: “Esta es la más hermosa y satisfactoria explicación de la creación que jamás había escuchado”. El periodista Duncan Aikman cubrió esta historia para The New York Times Magazine en febrero de 1933.
George Lemaitre fue quien propuso la teoría del Big Bang que explica que el universo tuvo un principio y continúa en expansión. Esta teoría se produjo utilizando las ecuaciones de la relatividad general formuladas por Einstein. Al pasar el tiempo, nuevos descubrimientos siguen comprobando esta teoría, como las supernovas observadas en Berkeley, California en 1998. Lemaitre era un astrofísico-sacerdote jesuita. Einstein, a pesar de no creer en un Dios personal, indicó que existía un creador. Según la Enciclopedia Británica, Einstein rechazó el ateísmo; él creía en el Dios de Spinoza. Una vez dijo: “La ciencia sin religión es aburrida, la religión sin ciencia es ciega”.
Quien me inspiró a escribir este artículo fue el señor Xavier Sáez-Llorens. En sus columnas publicadas los domingos, muchas veces dice que la ciencia nos lleva a la conclusión de que Dios no existe. A continuación, una lista de grandes científicos que eran creyentes: Isaac Newton (padre de la física moderna), Nicolás Copérnico (sistema solar), Francis Bacon (creador del método científico), Johannes Kepler (leyes del movimiento planetario), Galileo Galilei (telescopio, y a pesar de cómo lo trató la Iglesia), George Boole (matemáticas modernas), Robert Boyle (padre de la química moderna), Michael Faraday (electricidad y magnetismo), Gregor Mendel (genética), William Thompson Kelvin (escala de temperatura), Max Planck (fundador de la teoría quántica), John Dalton (teoría atómica moderna).
Hay otros como Louis Pasteur, Neils Borh, Antoine de Lavoisier, Werner Heisenberg, Marie Curie, Enrico Fermi, William Harvey, Blaise Pascal y muchos, muchos más, pero no tengo espacio. Todos creían en un Dios creador y aquellos estudios científicos que hicieron, de los más importantes en la historia, no los convirtieron en ateos.
Me imagino que todos estos señores eran un poco más inteligentes y sabían más de mecánica quántica que nosotros, los impotentes lectores dominicales del señor Xavier Sáez-Llorens.
Como dijo Max Planck: “No importa qué tan lejos busquemos, en ningún lugar encontramos contradicción entre la ciencia y la religión. Concuerdan completamente” (Journal of the American Scientific Affiliation, 37, Dec-1985).
