Eva Aguilar eaguilar@prensa.com
Es difícil saber qué hacía Hennig Brand buscando la piedra filosofal en orina, pero más de 300 años después, está claro que no era allí donde iba a encontrarla. El experimento, sin embargo, no dejó a Brand con las manos vacías. En lugar de su preciado tesoro, este comerciante y alquimista alemán descubrió -al destilar la orina con arena- un elemento sólido ceroso que brillaba en la oscuridad, característica que le valió el nombre de fósforo, que en griego (phosphóros) quiere decir portador de luz.
El fósforo es uno de los minerales que más abunda en la corteza terrestre. No es raro entonces que esté presente en la mayoría de los alimentos que consumimos, desde legumbres hasta cereales y frutos secos. Sin embargo, son las proteínas presentes en alimentos de origen animal (leche, queso, carne, aves y pescado) los que tienen mayores concentraciones de fósforo.
La abundancia de fósforo que brinda la naturaleza es comprensible, y necesaria, si tomamos en cuenta que, después del calcio, es el mineral más abundante en el cuerpo humano, porque participa en la mayoría de sus procesos fundamentales.
Fósforo y calcio establecen un equilibrio vital en su tarea conjunta de formar los huesos y los dientes. De hecho, el 85% del fósforo del cuerpo (que se manifiesta en forma de fosfato: un átomo de fósforo y cuatro de oxígeno) se almacena en estas estructuras, mientras que el resto está contenido en las células, donde el mineral realiza funciones básicas en el metabolismo celular.
El fósforo forma parte, junto con las proteínas, de la membrana celular. Y desde allí, es el responsable directo de que penetre en la célula una gran cantidad de elementos que ella necesita para sus funciones básicas. Además, interviene en los procesos de fabricación de energía, siendo el adenosín trifosfato (ATP) la molécula que más energía almacena.
Si bien la abundancia del fósforo y el proceso de coordinación que el cuerpo utiliza para eliminarlo a través de la orina permiten mantener un balance para que este nunca falte ni circule en exceso en el organismo, ciertas patologías contribuyen a que se presenten condiciones anormales.
Y así, la falta de fósforo producirá debilitamiento muscular, anemia, coma e incluso la muerte. Un exceso de este mineral, por otra parte, rompe el equilibrio que existe con el calcio, lo que puede producir arterioesclerosis.

