El 2022 es el Año Internacional de las Ciencias Básicas para el Desarrollo Sostenible. Así lo proclamó el año pasado la Asamblea General de Naciones Unidas, atendiendo a una propuesta presentada en 2019 por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), con el respaldo de diversas redes científicas.
La ciencia, según el diccionario de la Real Academia Española, es el “conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comparables experimentalmente”. Se trata, así, de conocimiento que ha sido producido mediante experimentos cuyos resultados han sido documentados y publicados, y han podido ser validados o refutados por experimentos llevados a cabo por otros científicos alrededor del mundo.
En esa perspectiva, la ciencia ha venido siendo organizada en diversas ramas del conocimiento, en la medida en que su actividad se va tornando cada vez más compleja al calor de las demandas que plantea el desarrollo humano. En este sentido, por ejemplo, la propuesta de la Unesco define a las ciencias básicas como “las matemáticas, la física, la química y las ciencias de la vida”, todas ellas “impulsadas por la curiosidad que tienen además un papel fundamental en nuestras vidas.”
Los experimentos de las ciencias básicas son indispensables para comprender el mundo que nos rodea, pues se concentran en indagar sobre el “¿por qué?” de los fenómenos que lo caracterizan. Es irónico que no reciban el mismo nivel de reconocimiento que las “ciencias aplicadas”, que utilizan el conocimiento generado por las ciencias básicas para buscar la solución a los problemas. Ante los logros alcanzados recientemente durante la celebración de los años internacionales de la física, la química, las matemáticas, la astronomía, la luz y la tabla periódica de los elementos, ya era justo y necesario dedicar un año a las ciencias básicas.
La celebración de años, semanas o días internacionales permite concientizar a la población en torno a temas específicos. Para los científicos, es una oportunidad de compartir el conocimiento científico con la comunidad en general. La ciencia, en efecto, se enriquece en esos espacios de intercambio, de los cuales pueden surgir nuevas interrogantes que guiarán a los científicos en su labor.
La autora es toxicóloga, exbecaria de Senacyt y miembro de Ciencia en Panamá


