Justo cuando más lo necesitaban el presidente Barack Obama y los congresistas que aprobaron la reforma sanitaria en el Congreso, los votantes de California les declaran su intención de recompensarles en las urnas.
Según los datos de una nueva encuesta publicada este domingo en Los Angeles Times, y realizada por el propio diario, la Universidad del Sur de California y dos importantes firmas encuestadoras asociadas con los partidos Demócrata (Greenberg Quinlan Rosner) y Republicano (American Viewpoint), la mayoría de los mil 515 votantes registrados entrevistados cree que la reforma sanitaria finalmente convertida en ley le traerá resultados positivos a la Nación, al estado y a la mayoría de las personas.
Al preguntárseles directamente si votarían por la reelección de los congresistas que aprobaron la reforma sanitaria, la respuesta fue un categórico sí del 46% contra un débil no del 29%. La contundencia de la respuesta evidencia que los votantes de California no aprecian la intransigente oposición de los republicanos en el Congreso al tiempo que pulveriza el flanco occidental de la estrategia electoral republicana que le apostó todo a que la reforma sanitaria sería la tumba de las aspiraciones demócratas en la elección de noviembre.
Obviamente, los resultados de una encuesta en California en el mes de abril no reflejan correctamente lo que podría ser el sentir de los votantes en el resto del país, en noviembre. En este sentido, a Obama y a los congresistas demócratas aún les queda pendiente la difícil tarea de enfrentar auditorios menos dispuestos a escucharles para explicarles clara y brevemente los beneficios de una ley extremadamente compleja.
Para ello, cuentan con otro dato alentador que revela la encuesta de California. Los votantes independientes también manifestaron su inclinación a votar por los políticos que apoyaron la reforma en el Congreso, por un margen de 48% a favor y 23% en contra. Y si bien es cierto que los independientes solo representan el 20% de los votantes en el estado, ellos son quienes inclinan el fiel de la balanza en las elecciones y son el segmento de votantes que más rápidamente crece en el estado y en la Nación.
Localizados hacia el centro del espectro político, su perfil demográfico es muy diferente al de los demócratas y republicanos tradicionales. Tienen mayores niveles de educación (55% tiene educación universitaria); no se identifican con los sindicatos de obreros como sucede con los demócratas ni están afiliados a las iglesias tradicionales que conforman las legiones de votantes a favor del Partido Republicano. Entre sus filas hay un número mayor de personas de raza blanca que el que tienen los demócratas y más latinos que los republicanos.
Hay mayor representación de asiáticos que la que hay en ambos partidos. Hay menos afroamericanos que en el Partido Demócrata, pero más que en el Republicano. Seis de cada diez de ellos son menores de 50 años y desconfían de las ideologías. Tanto que al tiempo que apoyan la reelección de la senadora demócrata Barbara Boxer, ejemplo paradigmático del radical chic, en la elección para gobernador apoyarían a Meg Whitman, una multimillonaria mujer de negocios conservadora moderada que muy probablemente ganará la candidatura del Partido Republicano.
La encuesta trajo también buenas noticias para la comunidad hispana de California, pues aún cuando el tema de la reforma migratoria sigue dividiendo al estado, con la mayoría de los republicanos opuestos a la reforma integral y la mayoría de los demócratas a favor, la hostilidad contra los indocumentados ha disminuido considerablemente, y el 67% de los encuestados apoya la idea de encontrar una manera de legalizar su estancia en el país.
Y si esto sucede en el estado donde reside el mayor número de inmigrantes, y donde el poder político de los hispanos es cada día más evidente, mal harían el Presidente y los partidos políticos si continúan ignorando el clamor de California.