¿Por qué emerge hoy el concepto de “clase política” como una novedad en Panamá, si arrastra algo más de un siglo de existencia, y esto se da en circunstancias en que, al decir de Barack Obama, la “guerra fría ya terminó”?
En mi opinión, dos son las razones básicas que responderían a la interrogante, primero, la concepción ideológica implícita en esta frase de las postrimerías del siglo decimonono fue sepultada por la corriente marxista en ascenso y, segundo, en virtud del dominio ejercido por la oligarquía panameña, cuyo origen es de mercachifles, esto es, de gente sin cultura política.
En efecto, el teórico en Europa del proyecto ideológico de “clase política”, que de paso adolece de historicismo y tampoco tomó en consideración el carácter irreversible y continuo de los cambios de las cosas, es Gaetano Mosca, político y senador vitalicio italiano y autor de Elementi di scienza política (Primera parte: 1896), cuyo ensayo político se sustenta en la teoría del elitismo y en la existencia de dos clases fundamentales: La dominante y la dominada. Este último elemento coincide plenamente con el pensamiento marxista que entiende a la sociedad integrada por dos clases principales: oprimidos y opresores o burgueses y proletarios. Sin embargo, la propuesta de Mosca se oponía de manera radical a la de Marx y sirvió de sustento teórico –sin reconocerlo– tanto del fascismo de Mussolini, como del nazismo de Hitler.
En América Latina, el adalid de la teoría de la “clase política” es el autor conservador y teórico por excelencia de la derecha chilena, el historiador Alberto Edwards Vives (1874-1932), creador de La Fronda Aristocrática en Chile, fundamento ideológico del Partido Nacional, de Patria y Libertad y de la dictadura militar de Augusto Pinochet Ugarte.
En síntesis, el pensamiento político de ambos autores se caracteriza por la promoción del elitismo y ha sido el sustento teórico de regímenes autoritarios. Además, no solo surge como antítesis del marxismo sino también como furibundos opositores del liberalismo democrático, entendido este último como el “libre juego” de todas las corrientes políticas e ideológicas.
En Panamá, la expresión histórica del pensamiento de la “clase política” ha sido la oligarquía y hay también antecedentes de regímenes autoritarios, como el primer gobierno del doctor Arnulfo Arias Madrid, y la Constitución de 1941, el período del entorchado José Antonio Remón Cantera (1952-1955), el golpe militar (1968-1969) que luego devino en una vertiente populista y el pasado gobierno de Ricardo Martinelli Berrocal (2009-2014).
¿Qué caracterizó a estos gobiernos? La concepción elitista del poder, el autoritarismo, la corrupción pública, el nepotismo y la pretensión ilusoria de borrar de la terca y constante realidad a los partidos políticos, llamados a ser expresión ideológica de las diversas clases o estamentos de la sociedad, manifestación de la voluntad popular e instrumentos fundamentales para la participación política. ¿Cuál es el peligro del concepto de “clase política”? Que no se trata de un simple esnobismo mediático. Es la actividad sistemática con la que se pretende socavar los cimientos de todo el sistema democrático liberal de representación política: los partidos políticos y el parlamento. En el afán de una fracción de la oligarquía en el poder de destruir a la otra, se afecta demencialmente la institucionalidad democrática. Ello explica el ataque visceral de algunos medios de comunicación social a los partidos políticos y a la Asamblea Nacional. De la existencia de medios de oposición y medios de gobierno, en abierta suplantación de los verdaderos actores políticos institucionales.
Por eso, sostengo que al margen de la democracia imperfecta, de fachada y de los partidos políticos de morisqueta, así como de los supuestos actos de corrupción individual en las cúpulas de los partidos en gobierno, no se debe ni se puede “satanizar” o descalificar a la totalidad política institucional, como se pretende ahora con el Partido Cambio Democrático, por la corrupción de la cúpula y, en el pasado, con el PRD, porque este último había nacido en las entrañas del régimen militar.
¡Así de sencilla es la cosa!

