Se pensaría que para este momento la mayoría de la gente ya habría deducido que el cambio climático representa una grave amenaza para el planeta.
De manera similar, se esperaría que el Congreso estadounidense tuviera una plausible estrategia para reducir las emisiones que crean los gases de invernadero, los cuales yacen en la raíz del problema.
Eso no ha ocurrido. La Cámara Baja ya aprobó una iniciativa de ley sobre el clima que no es tan firme como se necesita, pero es un comienzo.
Existen dudas con respecto a si el Senado aprobaría cualquier iniciativa de ley, dada la mecánica oposición de la mayoría de los republicanos y los temores infundados entre muchos demócratas de que los costos en aumento de la energía terminen paralizando a industrias locales.
El problema, cuando se trata de motivar a los políticos, es que los peligros a raíz del calentamiento global, sequía, hambruna, mares en ascenso, al parecer están a varias décadas de distancia. Sin embargo, la única forma de prevenirlos es mediante sacrificios en el aquí y ahora: con automóviles más pequeños, mayores inversiones en nuevas fuentes de energía, mayores cuentas de electricidad que surgirán inevitablemente una vez que le pongamos precio al carbono.
Los científicos de la corriente dominante advierten que mientras más tiempo espere el mundo, más rápidamente llegará a un punto más allá del cual pudieran no bastar incluso medidas draconianas. En uno de los posibles escenarios, no se debería permitir que las concentraciones atmosféricas de gases de invernadero, hoy día equivalentes aproximadamente a 380 partes por millón superen las 450 partes por cada millón. Sin embargo, será necesario estabilizar las emisiones por debajo de ese umbral para 2015 ó 2020 a fin de mantenerlas en un bajo nivel, así como reducirlas efectivamente en cuando menos 60% para el año 2050. Es por esta razón que Rajendra Pachauri, el director del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, que no es alarmista en lo más mínimo, ha advertido que lo que nosotros hagamos en los próximos dos o tres años determinará el futuro. Y él dijo lo anterior hace ya dos años.
Los promotores de acciones tempranas han hablado de empleos verdes, de mantener la competitividad de EU en la búsqueda de nuevas tecnologías, así como de la obligación moral de una generación con la siguiente. Todos estos son argumentos sólidos. No han bastado para comprometer plenamente a la opinión popular, o superar los esfuerzos de cabildo de la industria del combustible fósil.