Ya estamos advertidos. La calificadora de riesgo S&P, ha traído nuevamente a la palestra lo crucial que es reformar el sistema de pensiones de la Caja del Seguro Social (CSS) para la economía nacional. No cabe la menor duda de que no solo está en riesgo el futuro de las pensiones de los jubilados actuales y el dinero de todos los asegurados que aportan a esta aseguradora pública, sino también el futuro de la seguridad económica de nuestra sociedad.
Aun cuando no todos coticen en la CSS, el colapso de su sistema de pensiones, específicamente el Subsistema Exclusivamente de Beneficio Definido (SEBD) o, como realmente debería llamarse, sistema piramidal de beneficio definido, forzaría al gobierno a cubrir este agujero sin fondo. ¿Cómo haría esto? Con el dinero de cada uno de los pagadores de impuestos del país. En otras palabras, el dinero que se debió usar para mejorar el sistema educativo o el acceso al cuidado de la salud, se estaría desviando para cubrir un manejo desastrosamente negligente de las pensiones. Lo más triste de todo esto es que no hay que reinventar la rueda ni buscar muy lejos por soluciones que permitan tener un sistema de pensiones adecuado, sostenible, e íntegro. Solo hizo falta tener la voluntad de hacerlo.
Como he mencionado en artículos anteriores publicados en este medio, el Mercer CFA Institute Global Pension Index muestra las mejores prácticas a nivel mundial en cuanto a sistemas de pensiones. Incluso, como parte del Diálogo Nacional por la CSS, la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensión (FIAP), ha mostrado algunas de estas mejores prácticas, enfocándose en los sistemas de ahorro individual que forman parte de los sistemas de pilares. Panamá debe buscar emular estos sistemas de pilares, ya que son los que mejor puntuados salen en el Index. Esto no quiere decir, sin embargo, que simplemente haya que hacer un “copy & paste” de lo que se ha hecho en Dinamarca, Holanda, Israel, Australia, y otros países que salen en el top 10 del índice, ya que el sistema debe responder a la coyuntura nacional y a la realidad socioeconómica del país, pero sí tomar los principios y esquemas funcionales de estos y adecuar los parámetros a nuestra sociedad. Esto, en conjunto con una reforma educativa que promueva el conocimiento financiero y la responsabilidad individual, y un reforzamiento de la institucionalidad, estado de derecho, y transparencia, nos garantizaría salir del problema de los $77 mil millones de dólares que enfrentamos todos por el sistema piramidal.
Si bien el Diálogo Nacional por la CSS ha hecho esfuerzos por levantar propuestas concretas, involucrando a varios grupos y sectores importantes del país, todo apunta a que el gobierno quiere tumbar el diálogo y limitarlo a un conversatorio tripartita. Esto le quitaría la voz, y voto, a la mayoría de estos grupos que forman parte importante de la solución, como por ejemplo el Movimiento Panamá Joven. Como mencioné más arriba, todos aportamos de alguna manera u otra a la CSS, por lo que nos compete tener representatividad en la toma de decisiones para salvar a la entidad. Esto se ve aún más en los jóvenes quienes heredarán lo que se haga ahora, y son quienes están poco a poco empujando cada vez más el desarrollo del país. Por ello, debemos oponernos a toda costa a que se cierre el diálogo a solamente un conversatorio tripartita.
Todo esto nos lleva indudablemente a la pregunta, ¿qué tipo de sociedad queremos? Una en la que se le cierren las puertas a la mayoría, donde un grupo minúsculo y no representativo toma decisiones por todos, y no existe responsabilidad, o bien, aquella en la que las decisiones se toman en conjunto, dentro de un marco de respeto, estado de derecho, y seguridad jurídica, y donde exista la solidaridad real, acompañada de la responsabilidad individual, que debe primar en cualquier sociedad que busque la prosperidad. Yo elijo la segunda, ¿y tú?
El autor es miembro de la Fundación Libertad

