CAPACITACIÓN DOCENTE

El poder de la comprensión lectora: Milvia Solano de Rodríguez

La sociedad percibe que, aun estando en pleno siglo XXI, nuestros jóvenes tienen una preparación del siglo pasado. Se destina un presupuesto poderoso a esta dependencia educativa, pero los resultados no son equitativos a la inversión. Los fracasos siguen en un baile sin final, las quejas de los empresarios continúan por el deficiente desempeño del recurso humano que llega a sus empresas e iguales quejas escuchamos de los rectores de diferentes universidades del país, pero es que estamos fallando por la falta de enseñanza de la comprensión lectora: columna vertebral para el aprendizaje significativo de todos los contenidos de un plan de estudio y para el adecuado desenvolvimiento en la vida escolar, familiar y social de nuestros jóvenes.

La comprensión lectora no es una simple herramienta lingüística. Es mucho más que eso, es la competencia que les permitirá a nuestros jóvenes mejorar en el entendimiento y en el procesamiento de los contenidos de aprendizajes de cualquier disciplina. Necesitamos hacer un alto a las improvisaciones para encontrar las formas de iniciar, urgentemente, la preparación de los docentes, pero debemos hacerlo atacando los extremos al unísono: los maestros de los primeros grados, lo cual nos asegurará que los niños aprenderán a través del razonamiento lógico y los docentes de las universidades y de centros especializados, para asegurarnos del desarrollo de sus competencias en comprensión lectora y del dominio de herramientas pedagógicas que garanticen el nuevo rumbo que necesita la educación. Esto implica disposición gubernamental, cambios en los currículos de formación docente, seminarios de calidad que garanticen tal preparación, además de otros aspectos coyunturales.

Si desarrollamos esta competencia lectora en nuestros docentes y, además, les enseñamos técnicas de cómo desarrollar sus clases y sus pruebas para que logren en sus alumnos el desarrollo de la observación, reflexión, deducción, inferencias, valoración, confrontación y discriminación de ideas..., de manera que sepan cómo transformar la información en conocimientos, estaremos fortaleciendo los pilares sobre los cuales debe descansar un proceso de enseñanza y aprendizaje con calidad, porque se estaría aprendiendo por comprensión y no solo por la memorización que exige un momento determinado.

Un estudiante que desarrolle competencias en comprensión lectora será capaz de entender enunciados, teoremas, pronunciamientos políticos, instrucciones de cualquier índole: del uso de un medicamento o producto, de una prueba de admisión o de un examen rutinario; incluso, estará preparado para participar exitosamente en evaluaciones internacionales con alto grado de validez, confiabilidad y relevancia mundial como las pruebas PISA, que miden las competencias de lectura, matemática y ciencia en alumnos de 15 años en, aproximadamente, 65 países del mundo.

Sin embargo, a pesar de ser esta una de las pocas oportunidades que tenemos para medir, en nuestros estudiantes, estas competencias de forma independiente y neutral; Panamá, sin que muchos aún podamos entender las razones, fue retirada por nuestras autoridades competentes de la participación en esta prueba. Decisión que, en el futuro, no debería estar en manos de una sola persona y ni siquiera de una sola dependencia.

Nuestro país debe reintegrarse lo más pronto a esta evaluación internacional, pues es la única forma de medir cómo están nuestros jóvenes con respecto al mundo, qué saben hacer con los conocimientos que poseen, qué están haciendo los sistemas más avanzados en educación, para aprender de ellos; en fin, facilita el conocer las fortalezas y las debilidades de nuestro sistema de educación para trabajar en ellas, con el propósito de superar las deficiencias encontradas. Las pruebas nacionales, como herramientas para medir la calidad y la eficiencia de la educación, están basadas en estándares nacionales y no miden la formación de los jóvenes de un país con relación al resto del mundo; por ello, no son suficientes.

Es imperativo saber nuestra posición con respecto al mundo, ya que hoy no solo compiten empresas, productos, servicios y profesionales a nivel nacional, sino también internacional; reforzados por los tratados de libre comercio (TLC) que se siguen firmando entre países. Las naciones no son islas, pertenecen a un mundo globalizado y deben, por el bienestar de la juventud y del país, participar en pruebas internacionales con estándares científicos que les brinden información fehaciente y comparativa para, con fundamentos claros y bien definidos, enrumbar el sistema educativo con el apoyo conjunto de la sociedad educativa, civil y las fuerzas vivas de cada país, con el fin de asegurar la preparación de jóvenes competitivos, capaces de desempeñarse exitosamente en cualquier país del mundo.

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