Hay una carencia semejante a una enfermedad endémica que padece la mayoría de los panameños, peor a los problemas estructurales como la pobreza y el desempleo por los que según la cúpula de Patria Nueva se deben concertar un pacto político, se llama cultura política.
La historia de la República demuestra que la propia idiosincrasia de los nacionales del istmo, ha permitido "vacunarnos" contra el mal de las guerras fratricidas que han asolado otras naciones y las pocas veces que nos hemos visto envueltos en conflictos sociales internos graves, su génesis ha sido de carácter exógeno (intervención política y militar del Gobierno de Estados Unidos).
En consecuencia constituye un error y un engaño más, el llamado del Gobierno para instalar una mesa de diálogo nacional para el desarrollo de largo plazo auspiciado por el PNUD. Sencillamente porque nuestro país no vive una crisis social, política o económica de tal magnitud, que quienes fueron electos parar dirigir los destinos de la patria no puedan atender. Adicionalmente, dado la velocidad de los cambios tecnológicos es científicamente imposible planificar más allá de cinco años.
En otras palabras, en las actuales circunstancias, las fuerzas o grupos políticos que recibieron el mandato del soberano popular en las pasadas elecciones del 2004, tienen la responsabilidad de cumplir su programa quinquenal de gobierno y los partidos políticos de oposición y la sociedad civil la de fiscalizar la gestión pública. De tal manera que la supuesta confusión de roles políticos –gobierno y oposición– tiene una explicación que podría formar parte de la incultura política generalizada.
Sin embargo, la verdad histórica demuestra que la oligarquía criolla (grupo minoritario de personas unidas por vínculos familiares y de amistad, pertenecientes generalmente a una misma clase social) la cual ha controlado el poder político del Estado durante casi toda la existencia de la República, ha sometido a la mayoría de panameños mediante el clientelismo político a una especie de subcultura política, donde generaciones de hombres y mujeres de a pie han sido objeto del adocenamiento, hasta el envilecimiento o pérdida de su propia dignidad y autoestima.
Por ejemplo, un alcalde de una de las ciudades más importantes de Panamá, miembro del gamonalismo neoliberal, durante dos períodos consecutivos en que ha obtenido el mandato popular, se ha dedicado a distribuir mochilas escolares, bolsas de comida en Navidad, construir veredas, limpiar y embellecer parques, actividades que mediante un cuidadoso marketing político se presentan como iniciativas personales y no como resultado de una labor para la cual los contribuyentes le pagan y tiene el deber de cumplir en su posición de servidor público, peor aún, a través de listados algunos de estos "beneficios" procurados por el supuesto benefactor político van a parar a determinadas personas, mismas que son sometidas –reducidas sería más exacto– a la condición del subproducto denominado clientela política.
Es así como este burgomaestre introducido "por una ventana" al PRD, se ha labrado una imagen de presidenciable. Desarrollando labores, algunas de las cuales le competen a otras instituciones y no atendiendo de forma sostenible y dignificante los graves y grandes problemas que aquejan a los ciudadanos de su comuna, verbigracia, un proyecto de descentralización para garantizar en el corto y mediano plazo, entre otras cosas, una eficiente recolección de la basura, atender la problemática de la seguridad pública de más de un millón y medio de ciudadanos, planes y programas para promover el desarrollo de la micro y pequeña empresa creadoras de nuevos empleos dignos y bien remunerados y, en el largo plazo, la "municipalización" del transporte colectivo de pasajeros, planes para mejorar la calidad de vida (urbanísticos, viales y de otros servicios públicos) de los habitantes del distrito al cual debe servir y no servirse políticamente de él.
Sin embargo, para que los ciudadanos sean capaces de exigir a todos los funcionarios públicos el cumplimiento de sus deberes y a no utilizar gran parte del tiempo y recursos económicos pagados por los contribuyentes en función de promover el clientelismo político o su agenda política personal; la sociedad civil de forma institucional –ya que los partidos políticos existentes han renunciado a realizarlo– debe desarrollar programas de educación con el auxilio del PNUD y otros organismos internacionales, para erradicar el oscurantismo y analfabetismo político que esclaviza políticamente y envilece moralmente, especialmente a la gente pobre de nuestro país. ¡Así de sencilla es la cosa!
