Las personas que se congregaron el martes en la noche en la discoteca Stones fueron testigos de un peculiar fenómeno temporal. Gracias al influjo de la música de la agrupación Rata Blanca, el público pudo transportarse a principios de la década de los ochenta, específicamente al tiempo en que conjuntos como Iron Maiden, Judas Priest y Helloween dominaban la escena del rock and roll pesado.
Después de años de frustrante espera, rumores y conciertos cancelados a última hora, el público panameño pudo finalmente disfrutar de la música de esta banda argentina, una de las pioneras en lo que al heavy metal en español se refiere, y que junto a grupos como Héroes del Silencio, Caifanes y Soda Stereo fueron íconos del movimiento del rock and roll latino a principios de los noventa.
Le tocó a los locales Cabeza de Martillo servir como teloneros, calentando el ambiente con un breve repertorio de clásicos metaleros, compuesto de cinco piezas inolvidables: Aces High y The Trooper, de Iron Maiden; Electric Eye, de Judas Priest; Rock You Like an Hurricane, de Scorpion; y Crazy Train, de Ozzy Osbourne. Aunque los temas fueron interpretados de forma impecable, el sonido dejó mucho qué desear.
Ya pasadas las 11:00 p.m., la actual alineación de Rata Blanca, integrada por el guitarrista Walter Giardino, el baterista Gustavo Rowek, el bajista Guillermo Sánchez, el vocalista Adrián Barilari y el tecladista Hugo Bistolfi, se apoderó del escenario para deleitar al público con aproximadamente dos horas de heavy metal ochentero.
Giardino cautivó al público metalero con su virtuosismo, corroborando una vez más por qué ha sido catalogado como uno de los mejores guitarristas del rock and roll hispanoamericano. Cabe resaltar que, aparte de sus funciones como guitarrista líder, Giardino también debe suplir la ausencia de Sergio Berdichevsky, quien anteriormente se ocupaba de la guitarra rítmica. Aunque en teoría este doble papel debería causar una merma en el sonido general de la banda, en la práctica Giardino hace que pase inadvertida la falta de un guitarrista rítmico.
Desde su primer disco homónimo hasta su última producción discográfica, la cual todavía no ha sido lanzada al mercado, Rata Blanca ofreció un extenso y balanceado repertorio, compuesto tanto de temas clásicos como inéditos.
El concierto arrancó en una nota elevada gracias a Hombre de hielo, un furioso tema sacado de Guerreros del arco iris, álbum del cual también interpretaron Noche sin sueños y Los ojos del dragón, así como la canción que le da nombre al disco.
Asimismo, interpretaron temas de su primera producción, entre ellos Chico callejero. De su próximo disco, el cual se espera que salga a la venta en los próximos meses, el colectivo presentó tres temas como aperitivo, entre ellos En nombre de Dios, el cual tuvo buena acogida entre el público más metalero.
Pero, sin duda alguna, el punto culminante de la noche tuvo lugar durante el encore, cuando la banda retomó el escenario, haciendo que el público se trepara en las sillas y mesas del local mientras coreaba la letra de Mujer amante y La leyenda del hada y el mago, dos clásicos del popular álbum Magos, espadas y rosas.
Por fuera quedaron algunas viejas favoritas del público, como es el caso de los temas Abrazando al rock and roll y Por el camino del sol.
Si bien es cierto que su música dista mucho de ser original (ya que en realidad consiste en un reciclaje del heavy metal que popularizaron bandas como Iron Maiden y Helloween durante la década de los ochenta), los integrantes de Rata Blanca han demostrado ser unos músicos consumados.
La actual gira de Rata Blanca por Latinoamérica marca el reencuentro de sus integrantes después que los mismos decidieran disolver la agrupación hace cuatro años atrás para perseguir intereses individuales.

