Un goteo me despertó esta madrugada, y recordé una frase que escuché en mis años de secundaria: “La débil gota rompió la dura roca, no por su fuerza, sino por su constancia”. No sé de quién es, pero creo que hoy más que nunca, hay que aplicársela a nuestra democracia.
Tenemos que seguir denunciando la corrupción, dándole la espalda, y hundirla bajo el voto constante de ciudadanos convencidos de que ya es suficiente de vivir de fantasmas. El fantasma perredista y el panameñista tienen el mismo problema: no funcionan. Sus correligionarios los han matado. Ellos, y todos sus secuaces de siglas conocidísimas. Habrá que construir, si quieren, nuevos fantasmas.
La constancia democrática no la articulan los partidos, ni las instituciones, sino las personas. En esta circunstancia, puede sernos útil el lema de una antigua campaña religiosa: “panameño, la patria eres tú”. Hay que dejarse ya de tanto escrúpulo patriotero y hacer patria desde que nos levantamos. No hace falta estar en ninguna selección, o que le den un Grammy, hace falta decir: “yo soy honesto aquí donde estoy”.
Los políticos han convertido el servicio público en un negocio al que la mayoría quiere acceder y del que casi ninguno quiere salir, lo que está produciendo temblores sociales que anuncian una erupción cívica que amenaza la paz social. Por eso insisto, por eso debemos insistir, en seguir cuestionando cualquier actuación del gobierno que no sea transparente.
Cuando uno es honesto, no cambia leyes para seguir en el poder: se somete al escrutinio de la sociedad. Cuando uno es honesto, presenta los documentos que hagan falta. Pero el corrupto se calla y deja pasar los días, no por estar buscando los papeles, si no para ver si se les olvida a todos. El corrupto se hace la víctima y dice que es pueblo.
Seamos constantes. La dura roca de la corrupción sólo puede ser vencida si nuestra honestidad no desmaya, si creemos que ya hemos tenido suficiente.
El autor es escritor

