Esta pandemia de Covid 19 que estamos viviendo ha tomado por sorpresa al mundo; a pesar de mensajes y películas agoreras, nunca fueron tomados como un riesgo real para estar preparados … Esta situación es uno de esos casos donde la realidad supera a la ficción.
La vida nunca volverá a ser igual como la conocimos, pues este virus ha venido para quedarse y no tiene cura conocida, sólo la prevención. Los contagiados y equipo médico tienen su vida en una balanza en la que, si tienen otros problemas médicos, ésta se le inclinará en su contra. Tendremos que adquirir nuevos hábitos de limpieza más estrictos y conscientes, las relaciones interpersonales no volverán a ser igual, la cercanía preintimidad se acabó, el romance está en estertores, tal vez se incremente la poesía como un acercamiento entre parejas, las muestras de cariño efusivas desaparecerán.
Las burkas se pondrán de moda, perderemos la comprensión del lenguage facial que muchas veces permite anticipar intenciones, la desconfianza aflorará, los asaltantes no tendrán problema en entrar enmascarados a un comercio y nadie los reconocería, el maquillaje y el perfume pierde interés cuando no lo puedes apreciar.
Es necesario que pensemos en redactar un manual para convivir con el Covid19, porque no hay visos de una pronta solución permanente; es imprescindible echar a andar un país paralizada, revitalizar la economía, apuntalar las maltrechas fuentes de empleos, enfrentar deudas acumuladas y empleados malencarados y a disgusto. Pero es necesario poder seguir con nuestras vidas y continuar con lo que estábamos haciendo, regresando a nuestros trabajos, asistiendo a la escuela, continuar las labores cotidianas, pero esta vez con un cúmulo de precauciones ahora necesarias que nos complicarán la vida en adelante .
Para poder salir adelante es necesario que todos pongamos de nuestra parte, serán necesarios sacrificios, no es momento para intransigencia ni de empleadores , ni empleados, ni sindicatos ni gobierno, por el bien de todos y de la patria.
El gobierno nacional tiene que dar el ejemplo de austeridad en los gastos improductivos y superfluos, pero a la vez debe impulsar la terminación de las obras inconclusas y ser selectivos y estudiosos de los nuevos proyectos que urge emprender. Hay que aprovechar para que se legisle sobre el castigo expedito y apropiado a la malversación de fondos estatales, que son la esperanza de la pronta mejora de la condición económica de este pueblo y un estímulo a otros inversionistas.
El autor es ingeniero civil