“Nada volverá a ser igual”… Es una gran mentira decir que “volveremos gradualmente a la normalidad”. Por eso no entiendo por qué este maravilloso país en que resido, corazón del universo, no aprovechó la coyuntura, para determinar “quiénes son” ese millón y medio de personas que requieren del apoyo económico para contrarrestar los efectos de la pandemia.
Panamá tenía planeado un censo de población en este año, y qué mejor oportunidad para que -con un poco de apoyo tecnológico- a la mano de cualquier teléfono móvil en los sitios más apartados de las veredas y rincones urbanos, se hubiesen generado, una a una, las tablas de una gran base de datos, que le permitiera confiablemente al gobierno establecer un verdadero censo con proyección hacia lo que podría ser después del día “D” y empezar a construír esos mecanismos socioeconómicos que empezarán a romper esa sexta frontera de la cual se ha venido hablando desde mucho después de que Omar Torrijos hubiera eliminado la quinta.
Es verdad que Panamá ha hecho las cosas bien en el enfrentamiento de esta guerra como la ha llamado el gobierno actual, pero ningún país, por más solvente que sea, podrá sostener su situación económica, por mucho tiempo, con la recesión económica mundial que se va a presentar como resultado del paso devastador del Covid-19.
Se requiere establecer un nuevo orden social, en el que las remuneraciones a los empleos estén más acordes con las profesiones, que llegan a la satisfacción de las necesidades prioritarias, y pensar que si fue posible que muchos de los profesionales de diversos sectores económicos de la sociedad en general se sacrificaran salarialmente, y se permitiera por los gobiernos las suspensiones temporales de contratos, de igual modo también es posible que los mismos estados puedan empezar a regular las formas de trabajo, de tal manera que se abarque paulatinamente a la mayor cantidad posible de ese conjunto de personas que, determinadas por el censo, pudiéramos estar clasificando en la calidad de “vulnerable socioeconómicamente”, y tratar de reducir al mínimo esa brecha de desigualdad social tan imperante en estos países latinoamericanos, y constituirnos en un ejemplo de sostenibilidad, sin tanta vanidad y con patrones de altruismo sin distingos políticos.
Es hora ya que las redes sociales y todos los medios de comunicación se unan para que de una u otra forma se llegue a un consenso, en que de nada sirve tratar de restablecer el orden que existía, si tendremos que convivir con un virus que seguirá invisible pero aún presente con las mismas letales posibilidades, vigilando que todas y cada una de las personas que habitan el territorio nacional puedan seguir viviendo saludablemente y con un sustento económico básico, sin tener que hacer teletones de solidaridad y sin menoscabar las arcas del tesoro patrimonial del Estado.
El autor es informático gerencial