Ahora resulta que la exprocuradora –miembro prominente del clan del pedagógico– admite estar “decepcionada porque los diputados no han dimensionado la importancia que tiene para la consolidación y futuro de la democracia, el que desempeñen adecuadamente su rol de balance frente al Ejecutivo”. Porque según ella, el archivo del expediente del magistrado José Abel Almengor por parte de la Asamblea Nacional constituye un acto de “complicidad política”.
Sin embargo, yo no recuerdo que ella hubiese expresado públicamente esa misma angustia por el futuro de la institucionalidad democrática durante el gobierno pasado ni siquiera en este momento en que se conocen las confidencias al pretor del Norte, hechas por el excontralor y uno de los más connotados miembros de dicho clan en el gobierno del hijo del general.
En efecto, el pasado martes 19 de abril el diario Panamá América publicó un Wikileaks, según el cual el embajador estadounidense William Eaton, en el año 2006 comunicó a su gobierno que el entonces contralor general de la República de Panamá “había identificado tres contrataciones millonarias, con indicios de corrupción. Una de ellas fue la licitación de los duty free del Aeropuerto Internacional de Tocumen, que había sido “arreglada” para que se la ganara una empresa del Grupo Falic a la que estaba vinculado el amanuense de Torrijos, Pille González. Los otros dos negociados con fuertes sospechas de soborno denunciados por Kuzniecky fueron el del fracasado proyecto del megapuerto y la compra del nuevo edificio de la Alcaldía de Panamá, por parte del exalcalde.
Frente estas graves denuncias privadas, hechas públicas hoy día, las preguntas de rigor son las siguientes: ¿Acaso la principal perseguidora del crimen y de los criminales jugó su rol durante el pasado gobierno? ¿Tiene la exprocuradora autoridad moral para hablar de “complicidad política” de los diputados, cuando frentes a sus ojos ocurrieron estos y muchísimos otros crímenes en contra del erario?
En conclusión, para darle alguna credibilidad a quienes hoy se rasgan sus vestiduras en el altar de la democracia panameña, el pueblo debe examinar con mucho cuidado su conducta pasada y en el caso de los prosélitos del PRD todo indica que aun no los ha permeado el glasnost –política de apertura informativa y de libertad de expresión practicada en la extinta Unión Soviética desde 1985 que, junto con las medidas impulsadas por la perestroika, tenía como objetivo regenerar el comunismo y dinamizar el país–, porque continúan detrás de la carreta que conducen quienes, en nombre del torrijismo y del socialismo democrático, que dicen profesar, entregaron las riquezas de la nación a la más descarada corruptela y a la depredación de las compañías trasnacionales llegadas con el neoliberalismo que contribuyeron a instaurar en el istmo.
De manera que si algo puede poner en peligro la institucionalidad democrática, no es el ejercicio de la justicia y, sobre todo, del imperio de la ley; sino “la corrupción y la incompetencia que en los últimos 25 años le han costado a América Latina 600 mil millones de dólares”. Y que, por una simple inferencia de los datos citados, podemos afirmar que el cohecho y la torpeza de los gobiernos posinvasión le han causado al país la pérdida de 10 mil millones de balboas.
Reconociendo la excepcional probidad con que se manejó el gobierno del desaparecido licenciado Guillermo Endara, es claro que las tres últimas administraciones –Pérez Balladares, Moscoso Rodríguez y Torrijos Espino– despilfarraron la considerable suma de 667 millones de dólares anuales, sin que hasta la fecha ningún pillo de cuello blanco haya dado con sus huesos en la ergástula de La Joya o La Joyita. ¡Así de sencilla es la cosa!
