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Cosas de la vida

Para la mayoría de las personas los días son siempre apurados porque no alcanza el tiempo. Esas personas terminan el día agotados, muchos sin compartir con la familia, lo cual les causa culpa y preocupación.

Alguna vez te has preguntado si tu cotidiano andar te hace feliz, si llena todas tus necesidades y compromisos. Revisas terminada la semana cuan productivo fue tu tiempo rodeado de la familia… ¿has pasado ratos con buenos amigos, disfrutado de una buena comida acompañado de tus seres más queridos?

Estamos viviendo en un mundo con mucha prisa, nuestra rutina es agotadora. Vivimos en constantes cambios por la velocidad con que se mueve el mundo y nuestro alrededor. No nos damos cuenta de lo importante que es prestarle atención al bienestar emocional, sobre todo compartir el amor con nuestros seres más cercanos y queridos, de esa forma no podemos vivir sin remordimientos y preocupación.

Tenemos que entender que hay que pisar tierra y vivir un día a la vez, con el presente, disfrutando de cosas sencillas, como reír con la familia, platicar con tu pareja, ayudar a los hijos con sus estudios, hacer un recuento de todas las cosas buenas que te sucedieron en el día.

No podemos vivir del pasado ni del futuro, hay que vivir con el presente, es decir, con lo que sucede todos los días, ya que solo se vive un momento a la vez. Eso no quiere decir que no podamos hacer nuestras proyecciones de lo que queremos de nuestra vida, tampoco se trata de olvidar el pasado que nos sirve de experiencia y, por qué no, para recordar los buenos y felices momentos vividos.

La vida nunca te pone retos que no puedas superar. Esto no significa que sea fácil, si la enfrentas de forma correcta, tendrás una vida en crecimiento permanente. Para eso tienes que mirar en tu pasado y ver cuantas situaciones difíciles y momentos que parecían complicados lograste superar. En algunos casos te costó mucho, pero en todas esas situaciones saliste victorioso, creciste y aprendiste un poco más de ti, del universo y de la vida.

Toma el control de los retos de frente, entendiendo que esta es la única manera de resolverlos, pues por más que los rehúyas, tarde o temprano te alcanzarán y las consecuencias pueden ser peores. Mira los problemas como desafíos, no te quejes por ellos, pues estos no desaparecerán porque te sientas molesto o incómodo de que están allí. La vida no está solo para demostrarte lo que te gusta y ya, pero por otro lado, tampoco está interesada en lastimarte.

Dejar temas prioritarios para después es negativo para todos, no es bueno para nuestra salud, pero aún más importante, es malo para los que nos rodean. Por esa razón primordial no dejemos para mañana lo que debemos solucionar hoy. Si analizamos el contenido de la frase podemos aplicarla al cotidiano vivir, es decir a la salud, economía, política, entre otras tantas acciones en nuestro diario quehacer.

Cuando tienes todo este conjunto de razones y motivos a tu alcance, entonces puedes con tranquilidad y orden encontrar soluciones que te permitan salir adelante, ya sean problemas por consecuencia de tus propios errores o de factores externos como lo es hoy la Pandemia de la Covid-19.

Debes aceptar todo lo que te llegue en la vida, lo bueno, lo malo y lo feo. Renuncia al control, recuerda que hay cosas que no dependen de ti. Disfruta cada instante con la familia y especialmente con tu pareja. Sobre todo, aprovecha cada momento al máximo, recuerda que no eres eterno. Levántate cada mañana agradecido a Dios por un nuevo día. De tal manera que logres un equilibrio entre lo que tienes y lo que deseas alcanzar, pero con la motivación que te genera el disfrutarlo todo lo que hace de tu vida algo para recordar.

Vive la vida, sin miedos, sin culpas, sin preocupaciones. Vive un día a la vez y recuerda el presente de hoy, ya que ni el pasado ni el futuro están en tus manos, para hacer de ese momento algo especial y productivo para ti y los demás.

En conclusión, decía Napoleón Bonaparte “vísteme despacio que estoy de apuro”. Cada paso que das tiene que estar acompañado de fortaleza, equilibrio y, más que nada, seguridad. Tienes que entender que nada es fácil, todo es resultado de nuestro esfuerzo y convicción de que lo que hacemos es la mejor opción, eso nos lo da la vida como consecuencia de nuestras experiencias para bien o para mal.

El autor es presidente del grupo Relojín


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