El ser humano es increíble por la capacidad que tiene de adaptarse a las circunstancias. Si no fuera así, esta especie ya se hubiera extinguido como otras.
Sin embargo, no vale la pena adaptarse a todo. Desde el infortunado golpe militar en 1968 hasta nuestro días, poco a poco se ha ido tejiendo un manto de corrupción que comenzó escandalizando a la mayoría de la sociedad y beneficiando a unos cuantos.
Todos sabemos cómo empieza algo, pero nadie sabe cómo termina. A nadie se le hubiera ocurrido en 1968 que el pueblo iba a pasar por tanto sufrimiento, que Panamá iba a decaer hasta el punto donde está hoy.
Cuando nos aguantamos injusticias, actos de corrupción y maltratos, estamos calladamente admitiendo que soportaremos más si es necesario. Todo para sobrevivir.
Pero, ¿qué clase de vida es esa? ¿Qué esperanza hay para la juventud de crecer en un país donde el "juega vivo" es la norma de comportamiento? ¿A quién puede beneficiar eso más que a unos cuantos tiburones que tenemos a nuestro alrededor, escogidos por el pueblo?
Parece ser cierto que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. También es cierto que nadie aprende en cabeza ajena. Tal vez Panamá necesita sufrir más, llegar hasta el punto de lo inaguantable para que el pueblo despierte y reaccione y se dé cuenta de que no tiene que aguantarse lo insufrible, que Panamá tiene lo que se necesita para salir del hueco al que ha llegado, que vale la pena pensar en el bienestar común en vez de solo en el propio.
Es tanto lo que hay que cambiar para readquirir la dignidad perdida que las palabras del político aquel expresadas en la TV como respuestas a los reporteros "en Panamá hay que dar un revolcón a todo" suenan proféticas.
Es posible darle un revolcón al país. Y eso de forma pacífica. Hay que empezar por dar un buen ejemplo a los jóvenes y ya que este no viene de las autoridades, comenzar por la casa. No contribuir en ninguna forma al "juega vivo"; explicarles que no somos islas, sino que nuestras acciones benefician o perjudican al conjunto donde vivimos.
Tenemos que rescatar los valores en todo lo que hacemos, respeto a nosotros mismos y a los demás. Tenemos que denunciar la injusticia y la corrupción en vez de aguantárnoslas.
Debemos salir de la indiferencia y pedir cuentas a nuestros gobernantes sobre lo que están haciendo para mejorar las condiciones del pueblo que los eligió. ¿Qué están haciendo por mejorar la educación y salud de todos?, ¿cómo se está mejorando la infraestructura de calles y carreteras?, ¿qué se está haciendo para bajar la cantidad de la deuda pública, ¿qué medidas se están tomando para llevar progreso a todos?
Cuando nos sintamos cómodos a nivel de pueblo con este tipo de confrontaciones, estaremos en buen camino hacia un país mejor para todos.

