Quizás tiene que ver con las imágenes de disturbios en Túnez y El Cairo transmitidas en los hoteles mientras consejeros delegados de marcas multinacionales ponen en práctica una tormenta de ideas (brainstorming) con novelistas de autoayuda espiritual como Paulo Coelho.
Pero hay una cosa muy extraña en esta cumbre de billonarios en los Alpes suizos. En el foro Davos 2011, la creciente desigualdad económica a escala mundial empieza a producir inquietud.
En los últimos 20 años, la desigualdad económica se ha disparado en casi todos los países del mundo, y sobre todo en Estados Unidos (EU) y en China (entre las escasas excepciones se encuentran Brasil y España, donde la desigualdad ha caído). En EU nada menos que el 65% del crecimiento de la renta desde 2002 ha ido a parar a los bolsillos del 1% que más gana.
Esta divergencia sin precedentes de las rentas de una minoría y el resto ha creado concentraciones de riqueza que no existían desde los años del Gran Gatsby, antes del crac bursátil de 1929. Hace 24 años, al 1% más rico de los norteamericanos le correspondía el 12.3% de la renta bruta; en 2007 le correspondía el 23.5%. Pasa lo mismo a escala mundial. Según un informe de Credit Suisse, ya hay 24 millones de ricos en el mundo: 81 mil tienen un patrimonio superior a 50 millones de dólares, y hay un millar de billonarios, que tienen una riqueza mayor de mil millones de dólares.
Por eso, los vip que pululan entre las pistas de esquí en Davos, tecleando en sus iPad, son mucho más ricos, en relación con el resto del mundo, que hace 41 años, cuando el empresario suizo Klaus Schwab fundó el Foro Económico Mundial.
Algunos pensaban que el crac bursátil de 2008 y la crisis económica posterior podría tener el mismo efecto que en los años 30, cuando el new deal abrió un periodo de 40 años de igualdad creciente. Pero la realidad ha sido justo lo contrario. Mientras caen los salarios de la mayoría, los ejecutivos de los bancos de Wall Street y los consejeros delegados de todas las empresas grandes del Fortune 500 recibieron sobresueldos récord en el 2009, según Hay Group y The Wall Street Journal. Los 25 gestores de los fondos especulativos hedge funds más importantes cobraron mil millones por persona en 2009.
“Esta concentración de riqueza entre los integrantes de una élite empresarial ya no es sólo un problema político o moral, sino también económico”, dijo Fareed Zakaria, el director de Newsweek, en Davos. “Es un problema económico porque si todos los beneficios del crecimiento van a los más ricos, invertirán el dinero en mercados como la bolsa o el inmobiliario; y esto crea burbujas; en cambio, si la riqueza se reparte estimula el consumo y el crecimiento de la economía real”, explica.
Para los ricos en Davos, las fabulosas remuneraciones son consecuencia inevitable de las últimas tendencias meritocráticas del capitalismo globalizado. A diferencia de los viejos ricos de los tiempos de Scott Fitzgerald, el 60% de los multimillonarios de hoy son asalariados. No han heredado sus fortunas, sostiene, sino que las han ganado gracias a sus propios méritos (y a la generosidad de los comités de remuneración de los consejos empresariales). Lloyd Blankfein, el presidente multimillonario de Goldman Sachs, suele dejar caer que es hijo de un empleado de banca.
En una economía globalizada, conforme la tecnología avanza, la inteligencia se premia más. De modo que, a la vez que se lamenta la desigualdad, Davos lo achaca a leyes naturales del mercado. “La desigualdad es algo que hay que tomar en serio”, dijo Martin Sorrell, consejero delegado de la multinacional de publicidad WPP, que cobró unos 25 millones de euros en 2009. Muchos coinciden con él en Davos. Pero nadie propuso los viejos remedios: impuestos y sindicatos. Barack Obama fue acusado de demonizar a los empresarios por su defensa de mayores impuestos sobre las rentas altas. Steve Schwarzman, otro habitual de Davos, consejero delegado multimillonario del fondo global Blackstone, comparó en 2009 a Obama con Hitler, cuando el presidente propuso subir impuestos sobre las rentas de los gestores de los hedge funds.
“Hay un discurso peculiar en Davos”, dijo Damon Silver, economista del sindicato Aflcio que asistía al foro. Abordan el tema de la desigualdad, pero luego piden menos protección de empleo, menos sindicatos y menos regulación en Wall Street. La remuneración astronómica para ejecutivos no parece beneficiar ni a las empresas. Dan Ariely, el economista psicólogo de la Universidad Duke, ha comprobado en sus experimentos sobre incentivos y motivación que los sobresueldos elevados no mejoran el rendimiento; los accionistas deberían cortarlos.