Es el fin de una era. Durante seis décadas, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) siempre tuvo suficiente dinero para defender la libertad. Pero ahora sucede lo impensable: el secretario general de la alianza, Anders Fogh Rasmussen, pregunta a sus socios cuánta seguridad pueden y quieren permitirse.
La Alianza Atlántica no es ajena a las drásticas medidas de ahorro que ha tomado la mayoría de sus 28 países miembros. Las réplicas de este terremoto se dejarán sentir en la reunión de los ministros de Defensa de la OTAN que comienza mañana, jueves, en Bruselas.
Por primera vez faltaron este año cerca de 600 millones de dólares en las cajas de la OTAN, una cuarta parte de su presupuesto anual de 2 mil 300 millones de dólares. El agujero sólo pudo ser tapado con una artimaña cosmética: algunos países adelantaron el pago de su cuota.
Rasmussen llegó el año pasado a la jefatura de la OTAN con la promesa de reformar la organización. “La actual situación financiera es una motivación adicional”, afirmó al presentar su controvertido plan de reformas. “Me extrañaría que haya un acuerdo rápido sobre el asunto”, admitió un diplomático.
Por los pasillos de la OTAN circulan rumores sobre un cambio de tendencia obligado por las cajas vacías. La frase “sabia contención” es la máxima de la hora. La OTAN no debe ya ocuparse de cualquier situación de inestabilidad en el mundo. Y esto podría reflejarse en la estrategia de la alianza que será discutida en la cumbre de Lisboa. Rasmussen quiere que también sus planes de reforma sean bendecidos en esta cita.
Pero todavía es incierto que esto vaya a suceder. El secretario general quiere reducir de 14 a tres las agencias de la OTAN distribuidas en siete países. Estas agencias ofrecen principalmente servicios técnicos. Rasmussen también pretende dejar en pie sólo cinco comandos centrales de la OTAN, en lugar de los actuales once: además de los grandes cuarteles centrales en Mons (Bélgica, de operaciones) y Norfolk (EU, de modernización), sólo habría otros tres pequeños, que ya son objeto de disputa.
La eliminación de agencias y reducción de personal –sólo en la agencia de abastecimiento Namsa en Luxemburgo trabajan mil 100 civiles– son ya problemáticas por motivos legales. Pero también por razones políticas, porque todos los países de la OTAN quieren ver una “huella” de la alianza en su territorio. Esto bien vale para la eliminación de los comandos centrales con una plantilla de 13 mil 500 personas que debe ser reducida a 9 mil 500 o incluso 7 mil 500.