Usualmente, una pandemia compromete la salud, la educación, la economía, el empleo y la recreación. La pandemia de Covid-19 nos ha demostrado que prácticamente todos los países del mundo no están preparados para una crisis de esa naturaleza; sin embargo, hay claras diferencias en las respuestas y el actuar de los gobernantes de turno.
China fue el primer país en reportar casos de SARS-CoV-2 y, en meses, había miles de casos y luego miles de muertes; sin embargo, un excelente control posterior les ha garantizado no tener segunda ola e incluso actualmente ocupan el puesto número 94 con más casos en el mundo y de seguro mejorando. Sin duda, han influido en esos resultados muchos factores, entre ellos el hecho de experiencias con epidemias anteriores, como la del 2002 con SARS-CoV; sobresalen además entre las estrategias la excelente, adecuada y controlada cuarentena, la genial trazabilidad y el oportuno y adecuado control de fronteras y aeropuertos.
Definitivamente, para la gran mayoría de países del mundo, Covid-19 representa una nueva experiencia sobre epidemia. Con esta pandemia, muchas autoridades han improvisado y, como dijimos, por ser una nueva experiencia eso pasaría, pero luego de un año, debemos tomar lecciones.
Es necesario asignar o nombrar grupos o comisiones extraordinarias (equipos de trabajo), enfocados al ritmo de la epidemia (país), según experiencia generada por la pandemia (mundo).
Debe existir una comisión de salud integrada por profesionales de la salud expertos en los principales tópicos involucrados en la epidemia. Dichos profesionales no deben ser elegidos por su experiencia pública previa o respaldo al partido político de turno; debe ser estrictamente académica y deben tener en esa comisión expertos o conocedores de medicina basada en evidencias.
Se requiere una comisión de educación integrada por expertos en educación y docencia de todos los niveles, desde básica hasta la universidad; se deben evitar los dirigentes gremiales o dirigentes de partidos políticos.
Es necesario una comisión de economía, integrada por representantes de las empresas privadas, del gobierno y de los trabajadores. Dichos integrantes deben ser preferiblemente expertos en economía y no solamente escogidos por su afiliación o respaldo a los intereses del partido político de turno.
Otra comisión sería la comisión gubernamental, integrada por parte del gabinete, donde sobresalen los ministros de Salud, de Economía y de Educación. Esta debe ser una comisión con el poder dado por el presidente de la República para dirigir y tomar todas las decisiones sobre la epidemia. No debe existir un poder decisivo exclusivo a un ministerio en particular, como Salud, Economía o Educación. Tal comisión, junto al presidente de la República, dirige al país durante la epidemia y, por supuesto, todas sus decisiones finales surgen de las recomendaciones dadas por las tres comisiones extraordinarias ya mencionadas y que están estrictamente ligadas a la afección directa de la epidemia.
Un buen entendimiento entre una comisión experta en salud y otra en educación evitaría los estragos generados en educación por decisiones surgidas desde el Ministerio de Salud. Un buen entendimiento entre una comisión de expertos en salud y expertos en economía-empleos llevaría sin duda a mejores resultados que los actuales, pues la mayoría de las decisiones y resoluciones han surgido desde el Ministerio de Salud.
Una nación requiere en su población de salud, educación y adecuada o buena economía. Sin duda, el descalabro en una afecta las otras, pero es posible mantener las tres a flote o en adecuado estado, siempre y cuando los que dirigen los destinos del país durante la epidemia conozcan más allá de política partidista.
Un desastre natural o una epidemia bien manejada conlleva hablar bien del gobierno de turno independiente de los integrantes de sus comisiones, por ende, no entiendo el interés de los gobernantes de solo aceptar expertos si son integrantes o afines a su partido político.
Hoy contamos los enfermos y muertos por un problema de salud; mañana contaremos muertos por economía, y pasado mañana contaremos -y por varias décadas- enfermos por educación.
El autor es médico e investigador clínico
