El criterio estético en el jardín

Las experiencias sensoriales son una fuerte influencia a la hora de crear un paisaje

El criterio estético en el jardín
En el caso del diseño del jardín, hay que tener en cuenta elementos como simetría, escala, proporción y orden.

La asimilación del paisaje por parte del hombre provocó que surgiera el jardín. En este, la distribución formal o estructurada del espacio asimiló e imitó la naturaleza, los recorridos y formas sinuosas, las composiciones de luz y color. Surgió así el llamado "estilo paisajista", que pretendió reproducir la imagen del campo inglés en la ciudad, domesticar el mundo rural del cual se tenía una infinita nostalgia.

Louis I. Kahn indicaba que "el diseño es dar forma en el orden". En el aparecen emociones y fantasías que no tienen medida ni lenguaje, salen de lo más profundo de nosotros. Es entonces cuando recurrimos a medios mensurables, como la composición y el diseño, para expresar nuestras ideas. En el caso del diseño del jardín, hay que tener en cuenta elementos como simetría, escala, proporción y orden. Todos ellos se han manifestado en la evolución y desarrollo de los distintos tipos de jardines.

Las experiencias sensoriales influyen para crear el jardín, que se encuentra predeterminado por la manera en la que el hombre percibe el espacio a través de los sentidos, tanto los que actúan a distancia, vista, oído y olfato, como los inmediatos, tacto y gusto. Hay que tener en cuenta que los mensajes que se reciben en nuestro cuerpo varían para su decodificación en las distintas culturas; la unidad biológica del género humano no presupone una unidad de sensaciones. Con la vista, el hombre escudriña, registra datos, reconoce y capta mucha información. Ella proporciona el deleite por el color, el porte o la forma de las especies vegetales.

El olfato es muy intuitivo; hay olores evocadores que permanecen, como el de la tierra mojada, la hierba recién cortada, la lluvia y el perfume de las flores y plantas aromáticas.

El tacto es inicialmente visual; lo experimentamos al tocar la textura de las hojas, del tronco, de la hierba y de la tierra. Gracias a el podemos notar si una superficie es rugosa, lisa, abombada, gruesa o fina, aterciopelada o áspera.

El oído se deleita con el susurro del agua, el canto de los pájaros, el sonido de las hojas al ser movidas por el viento y el crujido de las hojas caídas y de los guijarros al caminar. En cambio, la parte que dejamos a la imaginación para disfrutar del jardín es muy personal. Podemos pensar en un lugar para relajarnos, soñar, mirar las nubes o ver como se mueven las hojas; incluso concebimos espacios para el tránsito, la relación o el descanso.

La luz influye en el color, define la atmósfera y las formas. Conviene estar receptivos, en alerta y sensibles ante lo que nos rodea porque va a influir en la creación estética.

En todo caso, el orden es importante. Podemos comenzar estableciendo las dimensiones del jardín, las entradas, puertas y accesos, y marcaremos los tránsitos y posibles recorridos. Procederemos a continuación a dividir el proyecto en distintas partes, a zonificarlo. Luego desarrollaremos una verdadera arquitectura sin techo, sobre un plano horizontal y otro vertical, colocando bordillos, muros, pantallas antiruido y otros elementos de separación vertical. En todo caso, en el jardín proyectado quedará reflejada la personalidad de su creador.

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