Dijo Abraham Lincoln: “La mejor manera de predecir el futuro es crearlo”. Esta cita me lleva a pensar, al cabo de casi dos años de pandemia, cuáles son los escenarios posibles para el SARS-CoV-2 y qué podemos hacer para crear un futuro mejor, pues a todas luces parece que este virus estará con nosotros por un tiempo.
Primeramente, debo confesar que pensé que, a estas alturas, estaríamos en un lugar muchísimo mejor que el que nos encontramos. Sólo esta semana vi los titulares de varias noticias que anunciaban un repunte tremendo de casos en Europa. Y lo primero que me vino a la mente fue: ¿por qué? Bueno, por un lado sabemos que por allá y en todas partes está circulando la variante Delta, con su alta transmisibilidad. Igualmente, es indudable que después de varios meses, digamos seis o más, la protección de todas las vacunas contra la infección por SARS-CoV-2 decae significativamente. Lo vimos en los reportes de Israel inicialmente y ahora ya hay evidencia proveniente de muchas otros países. Por otro lado, en Alemania hay casi un 40% de personas que aún no se han vacunado, ni siquiera una sola vez, y otros que no se han colocado su respectivo refuerzo y han perdido la protección con el tiempo. Estos factores contribuyen sin duda a que continúe la circulación comunitaria del virus en niveles inaceptablemente altos.
Lo único que me tranquiliza, y hay pocas cosas tranquilizadoras en las noticias recientes, es que hasta ahora no ha surgido una variante que eluda la protección de los anticuerpos generados por las vacunas. Pero, si seguimos haciendo el juego que le conviene al coronavirus, es decir, no vacunarnos, tarde o temprano pudiera surgir una variante más problemática que nuevamente ponga de rodillas al sistema de salud de nuestros países y se lleve para donde no hay retorno a mucha gente valiosa. Gente que haya rehusado vacunarse por alguna razón que se pierde en las más recónditas explicaciones de la psicología evolutiva del homo sapiens. O bien, se lleve gente a los que la protección inducida por la vacuna nunca fue buena (inmuno-suprimidos) o en los que la misma ha mermado (más de seis meses de haberse vacunado).
Entonces, está claro que el virus no va a desaparecer mágicamente, como anunciara el expresidente de Estados Unidos Donald Trump. Muy probablemente seguirán ocurriendo brotes y casos aislados en los que no tengan la protección conferida por la infección o por la vacunación reciente. Lo que también es cierto es que con un mayor número de gente parcial o totalmente inmune, las hospitalizaciones y la gravedad de la enfermedad van a bajar. De hecho, este fenómeno se está observando ya en los países con alto porcentaje de vacunación, donde aún con un aumento de casos por la Delta, no se ve tanta enfermedad severa ni muertes como al inicio de la pandemia.
Y a propósito de protección inducida por la infección, hay evidencia que ésta mejora tremendamente si la persona se vacuna. Y para los pocos que aún argumentan que están protegidos porque ya les dio Covid-19, les informo que el riesgo de terminar hospitalizado por reinfección es cinco veces mayor que el riesgo en los completamente vacunados. Así que dejen el cuento y a vacunarse.
Lo otro importante es vacunar también a nuestros niños. Cuando este artículo salga impreso, mi hija de nueve años estará en su primer día post primera dosis de vacuna. La evidencia señala que, aunque los niños tienen menor riesgo de enfermar gravemente y morir por la Covid-19, el riesgo no es cero y la vacuna es extremadamente segura y efectiva.
Más de un millón de niños entre 5 y 11 años de edad ya han recibido su vacuna acá en Estados Unidos, y no hay ningún dato inesperado sobre la seguridad de la vacuna que genere preocupación en este grupo de edad. Muchos creen erróneamente que no hay riesgos si optan por no vacunar a sus hijos. Pero la decisión de no vacunar confiere riesgos también: riesgo para el niño de enfermar y hospitalizarse, riesgo de desarrollar “Long Covid” y riesgo de transmitirlo a otras personas que sí pueden morir como consecuencia de la infección. Sin contar con las complicaciones de los cierres de escuelas, cuarentenas, aislamientos y sobredosis de videojuegos asociados a las medidas de control en los niños.
Quiero cerrar con otra buena noticia. Ya hay en el horizonte al menos dos medicamentos orales con alta eficacia contra el SARS-CoV-2, pero hay que darlos temprano en la infección.
En comunicaciones preliminares, parecen disminuir entre 50% y 90% el riesgo de hospitalizarse en pacientes con Covid-19 y factores de riesgo. Estos nuevos medicamentos se unen a los anticuerpos monoclonales (que son inyectables) entre las intervenciones más efectivas para evitar las hospitalizaciones y muertes una vez expuesto o contagiado con el virus. Estos fármacos, sin ser una panacea ni sustituir a las vacunas, pueden hacer el futuro del Covid-19 mucho más manejable y menos disruptivo. Siempre y cuando estén disponibles, tengan un costo aceptable y nos preparemos para utilizarlos como se deben.
El autor es médico, especialista en enfermedades infecciosas

