Revolución

Cuba en su laberinto

Debo decirlo, no por ufanarme, que soy de los pocos panameños que ha seguido al pie de la letra la marcha de la Revolución Cubana, en sus distintas etapas. Me quiero referir, sobre todo, a la fase que va desde Fidel hasta cuando asume el poder su hermano Raúl Castro.

Mi generación vio, sintió y sufrió la revolución cubana. Si eras joven y soñador, si estabas contra la humillación constante que representaba la Zona del Canal o si te sentías molesto por la injusticia social, los caminos de tus búsquedas te llevaban a aplaudir y celebrar a la revolución cubana.

Por 60 años, los hermanos Castro convirtieron a Cuba en una esperanza, en una fantasía, en una pesadilla y, hasta en una vergüenza. Cuba era la tierra de las soluciones mágicas, que desde las gigantescas zafras azucareras, hasta las minivacas, las supergallinas, las pastillas para perder peso sin hacer ejercicio y ahora el tratamiento contra el coronavirus, siempre tenía un as bajo la manga, y otro truco escondido en alguna parte.

Cuba no era viable sin el apoyo de la Unión Soviética, luego de la España socialista y ahora de la Venezuela chavista. No se si sus doctores son los mejores del mundo, lo que se es que los cubanos son la gente más emprendedora y creativa que debe haber entre los mortales de este planeta.

El cubano más conocido por los panameños es Leopoldo Fernández. Un mago de la comedia radial y de la televisión, en los que cada programa consistía en las visisitudes del intrépido Tres Patines para montar un negocito, buscando siempre la mejor forma de quitarle unos pesos a su prójimo. Al final, el implacable señor juez castigaba, con una sentencia en rima y una decisión histórica, el comportamiento de Tres Patines.

Creo, que ese es el modelo cubano. Una serie de movimientos y tramas para conseguirel dinero de los otros. Primero fue la caña, luego el turismo y ahora son los médicos, quienes, junto a los cuentapropistas, cargan la economía de esa isla verdaderamente mágica.

Al final, a lo que me refiero es que el implacable señor juez de la historia dará su veredicto sobre una revolución que lo fue todo, lo ganó todo y lo perdió todo. ¡A la reja!

El autor es abogado y periodista

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