[DIFERENCIAS DE GÉNERO]

Una cuestión de trabajo

En los puntos que tienen que ver con estudiar, rendir y asistir con frecuencia a clase, el profesorado destaca el papel de las chicas, así como en la comunicación, el debate, la empatía, el respeto y la ayuda a la resolución de conflictos.

No es una cuestión de inteligencia ni de predisposición genética. Que las chicas saquen mejores notas que sus compañeros, que sean menos propensas a repetir cursos y que desde hace más de una década sean mayoría en las universidades españolas se debe, básicamente, a que estudian más. Es decir, pasan más horas frente a los libros hincando los codos. Por el momento, esta es la única fórmula demostrada y efectiva para superar un examen.

Un estudio realizado por la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid, dirigido por María José Díaz-Aguado, explica las diferencias que suelen observarse en resultados y titulaciones. Sólo el 11.6% de las chicas dedica menos de una hora diaria a estudiar, contra el 31% de los chicos. En el polo opuesto, el 49.6% de las adolescentes reconoce que estudia más de dos horas diarias, frente al 24.4% de sus compañeros varones.

En cuanto al tiempo dedicado a lecturas que no son de estudios, el informe muestra un mayor interés de las chicas: mientras el 47.6% de los chicos no dedica ni un minuto al día a leer (27.4% en el caso de las chicas), el 26.3% de las féminas pasa más de dos horas frente a un libro (el 14.5% de los varones). Por el contrario, las chicas están sobrerrepresentadas entre quienes afirman no dedicar nada de tiempo al deporte (el 33.2%) o menos de una hora al día (32.25%), mientras que la gran mayoría de sus compañeros dedica más de una hora diaria a hacer ejercicios. Estos son algunos resultados de un trabajo que tiene como principal fin diagnosticar la situación de los adolescentes para prevenir la violencia sexista.

Han participado 335 centros educativos, 2 mil 727 profesores y 11 mil 20 estudiantes de tercero y cuarto de bachillerato y formación profesional. La necesidad de saber a qué dedican su tiempo los adolescentes y cuáles son los papeles que cada sexo reproduce explica la inclusión en un estudio sobre violencia machista estas cuestiones relativas al estudio. Según los expertos la clave está en la meta que cada género se marca desde la adolescencia.

Un trabajo de la Universidad de Santiago de Compostela y publicado en el Spanish Journal of Psychology expone que las chicas conceden gran importancia a los logros académicos como paso imprescindible para la emancipación y la independencia, mientras que los varones difuminan sus objetivos y se marcan más logros deportivos y metas antisociales, como participar en comportamientos a veces exentos de cierta ética con los que obtienen reconocimiento social. Ser un malote en el instituto da puntos; aunque ni siquiera en el fondo quieran llevar la contraria o saltarse las normas, muchos lo hacen porque consideran que los hace ser “populares”, señala Belén Cid, tutora de un grupo de tercero de educación secundaria obligatoria. Además, comparadas con los chicos, repiten menos y alcanzan en mayor proporción los estudios superiores. Y no desde hace un año, sino desde hace muchos años. Atrás quedan aquellas campañas informativas de los años 1980 para promover la permanencia de la mujer en el sistema educativo dirigidas a las familias: “No limites su educación, es una mujer del siglo XXI”.

El estudio dirigido por Díaz-Aguado profundiza en la imagen que los profesores tienen de los alumnos y las alumnas. Llama la atención que en los puntos que tienen que ver con estudiar y rendir más y asistir con frecuencia a clase, el profesorado destaca el papel de las chicas, así como en todo aquello que tiene que ver con la comunicación, el debate, la empatía, el respeto y la ayuda a la resolución de conflictos. Conductas relacionadas con el uso de la violencia, el incumplimiento de las normas y comportamientos disruptivos en el aula se observan más en chicos, junto con las dificultades de comunicación interpersonal.

Los expertos constatan que las mujeres superan a los hombres en todos los indicadores educativos: repetición, permanencia, promoción. Sin embargo, las explicaciones de esta “superioridad académica femenina” son todo menos unánimes y unidireccionales. Algunos expertos la vinculan a un ritmo de maduración más rápido de las estudiantes; otros, a una mayor aptitud para la expresión verbal, a una capacidad más notoria de trabajo o a una actitud más acorde con la norma. Otros la atribuyen a una mayor identificación con la escuela o como una forma para obtener ventaja en el difícil mercado laboral.

El reciente informe de la Fundació La Caixa Fracaso y Abandono Escolar en España señala el retroceso de los hombres, al aparecer más desapegados de las exigencias de los estudios y más atraídos por el mercado de trabajo. Sin embargo, apunta esta investigación dirigida por el sociólogo Mariano Fernández Enguita: “nada permite saber si se trata de una causa, de un efecto o de ambas cosas”.


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