Mi próximo artículo ya será en 2022. Así que es buen momento para hacer una lista de peticiones para implementar el año próximo, después de dos años casi congelados por culpa de la pandemia de la Covid-19, y que se las ha arreglado para voltear el mundo patas arriba. Porque no solo han sido los más de 273 millones de enfermos y los más de cinco millones de muertos que se han acumulado durante estos 25 meses, sino que, además, hemos sido testigos de cómo el comercio, el turismo, la economía y la misma vida se han visto en jaque por culpa de un virus que, hace poco, ni siquiera existía y que nos ha dado a los humanos un baño de humildad al que no estábamos acostumbrados.
Lo más importante que espero consigamos es que finalmente se logre controlar la pandemia. Para eso, será imprescindible que se vacune con todas las dosis necesarias la mayor cantidad de población, incluyendo los niños, que en buena parte son ahora quienes están “movilizando” el virus. Lo anunciado por el gobierno es que en el primer trimestre del 2022 se comiencen a vacunar niños, lo cual debe aumentar de forma importante la cobertura general.
Otra prioridad es que se reabran las escuelas. Somos uno de los países del mundo que más tiempo ha tenido a los niños lejos de las aulas. Imperdonable que los maestros se negaran a volver a clases hasta que estuviesen vacunados, lo cual los colocó como grupo prioritario. Después, exigieron que se les vacunara específicamente con la vacuna de Pfizer y lo consiguieron. Ahora, nos enteramos que hay 4,000 docentes que aún se niegan a vacunarse por quien sabe qué argumento. Parece mentira que la dirigencia magisterial no tome una actitud más beligerante para lograr la vacunación, basada en buena parte en la vocación de la profesión de los maestros. Así como los médicos tenemos que vacunarnos para poder atender a nuestros pacientes y cumplir con nuestro deber, ellos deben vacunarse para volver a recibir a los alumnos en las escuelas y cumplir con sus responsabilidades. Si tomamos en cuenta que se les ha pagado su salario durante todos estos meses, esta conducta suena a una irresponsabilidad temeraria. Pero en fin, ya estamos acostumbrados a estos arrebatos de vocación.
Otra meta para el año que se avecina debe ser lograr que todos los grupos que se oponen a la vacunación y a las medidas de mitigación de contagio, como el distanciamiento en lugares cerrados y el uso correcto de mascarillas, se dejen de irresponsabilidades y entiendan de una vez por todas que la Covid-19 es una enfermedad que puede ser mortal, principalmente en los no vacunados. Es triste enterarse que personas que se han negado a vacunarse por cualquier razón, caen en cuidados intensivos o incluso mueren, producto de la tozudez o por dudas sembradas por quienes se niegan a aceptar el daño que hacen a la población con sus argumentos irracionales. Por favor, hay que vacunarse, que es el único método que verdaderamente ha logrado disminuir la incidencia de casos graves y la mortalidad.
Pero no todas las peticiones tienen que ser en función de la pandemia. Hay otros temas en que es mucho lo que tenemos que lograr. Para comenzar, es necesario que finalmente se levante el estado de emergencia que lleva ya demasiados meses y que ha servido para cubrir con un sospechoso manto de turbidez en lo que se refiere a compras directas, licitaciones sospechosas y falta de transparencia. Elementos necesarios para que la población sepa cómo se manejan los recursos del Estado.
Sería maravilloso que nuestro sistema de justicia implementara los cambios necesarios para que podamos sentir que los casos no se empantanan en eternos recursos dilatorios, enfermedades que no convencen a nadie y fallos incomprensibles. Debemos tener muy claro que mientras el país no tenga un Órgano Judicial que inspire confianza tanto local como internacionalmente, nunca saldremos de todas las listas de colores que tanto daño hacen a la imagen de Panamá en el panorama mundial y que hacen que los panameños, al llegar a otros países, seamos vistos como “de riesgo”.
Por último, hay que hacer algo con la Asamblea. No puede ser que el que supuestamente es el órgano más representativo del sentir popular, se haya convertido justamente en lo contrario: en una cofradía de vergonzosa reputación, que solamente piensa en ellos mismos, en cómo succionar recursos del Estado para alimentar el más descarado clientelismo y que demuestran que su función de legislar es completamente secundaria ante su interés en mantenerse en sus cargos para siempre. En 2019, el “no a la reelección” fue un éxito, que si no fuera por la trampa de los residuos, hubiese representado deshacernos de otro montón de esos parásitos con curul. Pero, si lo vemos fríamente, el problema está en que muchos de los que reemplazaron a los que no fueron reelectos, han resultado ser lo mismo. De allí que sea tan importante modificar las reglas del juego para garantizar que las postulaciones y la elección sea verdaderamente representativa y que no nos estanque en los mismos individuos indeseables de siempre.
Dicho todo esto, solo resta desear a todos unas felices fiestas y un 2022 mejor que los dos últimos años… Lo cual tampoco será tan difícil…
El autor es cardiólogo

