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‘Robó pero hizo’

De cintas y vacunas… (o por qué una cosa no quita la otra)

De cintas y vacunas… (o por qué una cosa no quita la otra)
Jornada de vacunación en Albrook Mall. LP Pastor Morales

La otra mañana vi el sol remontar sobre la línea azul gris del Mar del Sur y aprecié cómo el toro del maestro Arboleda cobraba vida cuando los haces de luz tocaban los planos geométricos de su superficie. Aves revoloteando. Olor a sal. Qué bella mi ciudad, qué suerte tener esta calzada peatonal que entra al mar y permite este momento… ¡Alto! Sin quitarle un ápice su valor vivencial al espacio público, recordé cómo la cinta costera nos costó a los panameños de cuatro a seis veces más que su valor real, que esos millones y millones robados aún no se han recuperado y que, a la fecha, no hay certeza del castigo ni para la falsamente celebre constructora brasileña, ni para sus cómplices locales. (Excepto los príncipes extraditables en otra jurisdicción, pero eso es materia para otro día).

Ojo, que al más “pintao” se le cuela la mentira repetida mil veces del “al menos”: bueno, robaron, pero al menos nos dejaron una linda calzada y parques. Me sacudí de pie a cabeza y me repetí las palabras de la inmortal Celia: ¡pa’fuera, pa’la calle! Colectivamente, estamos sufriendo en Panamá de un derrotismo histórico, alimentado, precisamente, por los perpetradores y cómplices de los esquemas de corrupción que han secuestrado los recursos que hoy necesitamos para garantizar salud, educación, jubilación… todos los servicios que el Estado provee precariamente a una ciudadanía harta y desesperanzada. Es falso que la corrupción sea inevitable y es falso que un beneficio colateral -migaja chica o grande- sea justificación suficiente para que olvidemos la acción de la justicia y, peor aún, darle nuestro voto al mismo político corrupto o partido cómplice. La corrupción en los múltiples proyectos de infraestructura pública que han sido parte de esquemas criminales en los últimos 15 años puede habernos costado alrededor de mil millones de dólares, si bien no se tiene una cifra exacta. Los panameños nos merecemos espacios públicos con bellas esculturas, pero no a precio del ladrón que con la otra mano nos quita escuelas, hospitales y jubilación.

Palabras más, palabras menos, funcionarios de la administración Cortizo-Carrizo quieren perpetuar esta idea nefasta repitiendo mil veces que el número de dosis de vacunas compradas y que llegarán al país en los próximos meses, alrededor de nueve millones, borra o hace inconsecuentes todos los actos de corrupción política involucrados en el manejo discrecional de las vacunas hasta la fecha. Saltarse el orden de vacunación para negociar con grupos de presión política, vacunación privilegiada a vacas sagradas del partido, vacunación V.I.P. a órganos estatales, vacunas clandestinas pagadas (¿de dónde salieron los viales?), sobreponer un ente político a un ente técnico-médico… que olvidemos todo y que hasta estemos “agradecidos” de tener vacunas. Como si la abundancia futura del recurso justificara las instancias de mal uso en estos meses críticos de abril a julio. Olviden el sentido común, olviden el tráfico de influencias, olviden la casta privilegiada que se saltó la fila, olviden la transparencia, olviden las vidas que se perdieron entre los grupos de poblaciones más vulnerables… Olviden la justicia y las investigaciones abiertas.

Precisamente, por la justicia, por el deber de rendición de cuentas y los precedentes que implican, no podemos dejar de exigir la transparencia en la vacunación, incluyendo los contratos y las responsabilidades, y que haya investigaciones y certeza del castigo en todos los actos de corrupción relacionados. Quieren hacernos creer, el Ministro de Salud con vocación autoritaria, al igual que la funcionaria con rango inventado de ministra, con el beneplácito del presidente que vive en un Panamá imaginario, que colectivamente no merecemos nada más, que no nos deben nada más, que están más allá de la ley. Aviso parroquial: si llegamos a creerlo, por ahí mismo muere nuestra democracia. Y aviso dos: Misma tesis con la traicionera renovación del contrato de Panama Ports.

“Nadie sabe cómo se juega el juego, el arte del oficio, cómo se hace [y qué contiene] el chorizo, solo presumimos lo que pasa… Pero nadie más está en la habitación donde pasa”, escribió el gran Lin Manuel Miranda en Hamilton, sobre pactos políticos en el nacimiento de la república estadounidense. Doscientos cuarenta y cinco años más tarde, en el trópico panameño, nos pasa lo mismo con los pactos de corrupción política, ya sean cintas costeras, contratos portuarios o vacunas; los que sí están en la habitación le apuestan a lo mismo: llevarse recursos valiosísimos que son de todos (y deben servir a todos) y dejar algo para que -agradecidos- olvidemos pedir más, pedir lo justo.

Pues no, no es lo justo. Merecemos más como ciudadanos, exijámoslo. Ojalá el maravilloso Toro del maestro Arboleda cobrara vida y embistiera a todos los que nos roban los recursos de la Nación, no solo los dineros, sino nuestra voluntad de lograr el cambio.

El autor es escritora y abogada


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