¿Cómo un evento que no presenciaste logra indignarte? Ha sido parte de nuestra formación patriótica sentir esa admiración por el sacrificio que en su momento hicieron los mártires del 9 de enero de 1964, unas almas valientes, que decidieron que una confrontación era necesaria para acompañar la demanda por respeto, independientemente de la posibilidad de sufrir las consecuencias fatales que se desencadenaron a partir de la lucha.
Entiendo la complejidad de su amor y respeto a la patria, pero más allá de eso, reconozco también que la mejor forma de honrar su sacrificio es asumiendo la realidad de que hoy también es hora de luchar. Los últimos meses han sido testigos de un levantamiento, de una conciencia sobre lo que aqueja a nuestra sociedad desde sus cimientos, de una ola de protestas han dejado en evidencia que estamos censurando lo que amenaza nuestra libertad. Quizás la lucha de hoy en día no es tan clara. El enemigo ya no viene de frente apuntándote al rostro; viene a convencernos de cambiar nuestro oro por espejos, nuestra patria por un clientelismo vulgar y embustero. Están aprovechando el status adquirido producto de una democracia contaminada, para convencernos de entregar voluntariamente nuestro futuro a su poder alimentado de codicia y corrupción con matices de ignorancia.
Como parte de una generación joven que se compromete a salvaguardar nuestro futuro, me siento responsable de honrar a los mártires que en el pasado dieron su vida por defender ese mismo propósito. La libertad no es gratis, y ellos pagaron el más alto precio; hoy nos toca ser conscientes del precio que debemos pagar. No sé si es un idealismo inocente e ingenuo lo que respalda esta sensación, pero yo todavía tengo fe en los panameños, y un convencimiento de que tenemos intrínsecamente un carácter luchador que está preparado para las batallas que se aproximan y para someterse al sacrificio y consecuencias que persiguen siempre a quien protesta, pero con la certeza de que un sólo panameño consciente es una presa para el sistema corrupto, pero un pueblo entero unido y dispuesto a pelear, está destinado a transformarse en el vencedor.
La autora es abogada