En mi interior siempre supe que sería cuestión de tiempo la posibilidad de infectarme de Covid 19, a pesar de todas las medidas de precaución. En parte por la infectividad del virus y en parte por laborar en el Complejo Hospitalario Dr. Arulfo Arias Madrid, definido como Hospital Covid, donde diariamente enfrentábamos la epidemia junto a todo el personal comprometido que ha permitido seguir salvando vidas.
A pesar de ser un médico de experiencia, estar informado de los síntomas, las pruebas, los tratamientos y las señales de alarma, ¡estas no se dieron! Por alguna razón, la luz roja que debía informar a mi cerebro que las cosas no iban bien, ¡se apagó! No tuve sensación de falta de aire en ningún momento. Solo tuve tos, que la venía teniendo los últimos 3 meses, a pesar de pruebas repetidas negativas por Covid 19, y unas evacuaciones “diferentes”; me hice la PCR de control que nos realizamos como personal de alto riesgo y salí positivo.
Debo ser sincero y compartirles que empecé a tomar hidroxicloroquina y azitromicina una semana antes de hospitalizarme por una razón muy sencilla; tengo suficiente información médica de que en etapas tempranas podría ayudar y por otra parte, nadie lo sabe todo en esta epidemia y nadie tiene la verdad absoluta.
Al comunicarme con mi colega y amigo, Julio Sandoval, me evaluó en el hospital y para mi sorpresa tenía una neumonía bilateral con más de 40% de afección pulmonar y sin sentir falta de aire. Retrospectivamente, debo concluir que esta falta de señales de alarma, incluyendo otros factores, contribuye a que los pacientes lleguen tan graves a los hospitales, con una alta mortalidad en la primera semana de hospitalización.
Afloraron mis mayores temores, hospital, intensivos, intubación, pronarme, morir sin ver crecer a mis nietos, siendo que la menor había nacido unas semanas antes y apenas la había conocido fugazmente. Contagie a mi esposa Lelia y ambos tuvimos que hospitalizarnos simultáneamente en diferentes hospitales.
Gracias al Creador, a todos nuestros médicos, a la atención profesional de altura en Hospital Paitilla con Marco López a la cabeza y Pacífica Salud con Julio Sandoval y su equipo, y a todas las muestras de apoyo, solidaridad y oraciones en varias religiones e idiomas, podemos echar el cuento.
Quisiera adicionar que la frase “este virus lo paras tú”, debíamos cambiarla por “¡este virus lo paramos nosotros!” No hay otra forma. Cada uno de nosotros debe hacer lo necesario para no infectarse y no trasmitir la infección.
Es propio reconocer al Minsa y al Gorgas, la cantidad de pruebas diarias que realiza, lo que es un logro y ejemplo en nuestra región, pero este esfuerzo monumental se ve anulado por la incapacidad de poder trazar y aislar los contactos dotándoles de alimentos, medicamentos y facilidad de separarse del núcleo familiar en una real cuarentena con supervisión médica.
Tenemos un de las mayores tasas de mortalidad de la región (104/100,000 habitantes) y mas de 6,000 contagios por 100,000 habitantes (La Prensa, 15 de enero de 2021), lo cual es vergonzoso e indignante para nuestro país.
Mientras tanto, alcaldes y concejales se asignan miles de dólares mensuales en movilización y dietas. ¡Que alguien me diga a donde car..jo se van a mover en pandemia! ¿Que tal si los “promotores” asalariados en la Asamblea y cobrando, se suman a esta tarea? Presidente, tome el timón y de la orden, incluyendo la reducción de salarios y dietas, antes que se le hunda el barco y solo queden las ratas.
Ese dinero sería de inmensa utilidad para los trabajadores del sector salud y la población infectada que puede morir en sus casas por sus paupérrimas condiciones de vida.
¡La cuota de sacrificio debe ser de todos!
El autor es médico