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Vacunas

De titulares y contextos…

Esta semana, la pandemia generó varias noticias importantes en relación a las vacunas. Tal vez la más relevante es que las autoridades regulatorias decidieron suspender el uso de la vacuna de Johnson & Johnson, por casos de trombosis similares a los que ya se habían descrito con la vacuna de AstraZeneca. Debe tenerse claro que suspender la administración, más que verse como un fallo, debe percibirse como algo positivo en el sentido de lograr la máxima seguridad para los pacientes. Con ambas vacunas, el porcentaje de pacientes que desarrollaron esta complicación es muy bajo. Se ha calculado que es alrededor de cuatro casos por cada millón de vacunas administradas. La incidencia es bajísima, pero ameritó evaluar los detalles de los pacientes afectados, para determinar el riesgo que representaría en la totalidad de la población.

Este fenómeno de trombosis ha generado dudas sobre su efectividad. El mecanismo parece estar asociado a una reacción autoinmune que activa las plaquetas, que a su vez da inicio al mecanismo de coagulación. De allí que los enfermos afectados presentan trombosis (presencia de coágulos), con valores bajos de plaquetas.

Un fenómeno similar hace mucho que se conoce en algunos pacientes que utilizan heparina (un anticoagulante de uso común). En estos casos se conoce como HITT (por las siglas en inglés de Trombosis Trombocitopénica inducida por heparina), mientras que el cuadro detectado en los pacientes vacunados se ha denominado VITT, por las mismas siglas, pero inducida por vacunas.

Las dos vacunas que se ha suspendido el uso por razón de estos eventos tienen en común que utilizan la plataforma de vectores virales, donde se toma un virus y se le unen partes de la proteína S del SARS-Cov2, para inducir así la respuesta inmune.

Por supuesto, estas decisiones de las agencias regulatorias generan gran cantidad de titulares, con todo tipo de interpretaciones. Lo que hay que entender es que estas suspensiones, especialmente en medicamentos nuevos, son muy frecuentes y ocurren constantemente en la farmacología y la medicina. La gran diferencia es que normalmente esto no ocurre bajo los reflectores de las agencias noticiosas, ni ocupan espacios destacados en las portadas de ningún periódico. Lo habitual es que ocurra, se saquen las conclusiones y, en la inmensa mayoría de los casos, se reinicia el uso del medicamento o la vacuna, sin tanto escándalo. Pero, como en todo lo relacionado con la pandemia, todo constituye una “última hora”. Así que si se decide que estas dos vacunas pueden utilizarse, pueden sentirse seguros que los beneficios son muy superiores a los riesgos.

El problema es que toda esta propaganda sobre “los riesgos” de las vacunas es música para los oídos de los irresponsables que abanderan el movimiento antivacunas, que se aprovechan de que la mayoría de la población no maneja estos conceptos médicos, para generar dudas absurdas. Como ejemplo, esta semana un paciente me llamó y me dijo “a mí que no me pongan la vacuna de Astra, porque no quiero que me dé un trombo”. Le pregunté si sabía lo que era un trombo y, después de un corto silencio, me contestó: “no, pero no quiero que me dé”.

El otro hecho en relación a las vacunas contra Covid-19 es que el estándar que pusieron inicialmente las vacunas de Pfizer y Moderna ha sido anormalmente alto. Para dar una idea, las vacunas se consideran buenas si tienen una efectividad de 50%. Incluso, vacunas con efectividad de 39% han sido utilizadas exitosamente. Por eso, cuando las noticias iniciales salieron diciendo que las vacunas de RNA mensajero mostraban efectividades superiores al 90%, hizo pensar que ese es el objetivo que debe buscarse en cualquier vacuna. Como ya se ha dicho hasta la saciedad, hay que entender que lo verdaderamente importante es lograr la máxima reducción de casos graves y defunciones, lo cual se ha logrado con todas las vacunas aprobadas en cifras muy cercanas al 100%.

Pero hablando de titulares alarmistas -que parecen estar de moda- este viernes me tocó ver dos noticias completamente diferentes con los mismos datos. Se refería a los resultados de un estudio “de mundo real” (que incluye los pacientes que no forman parte de estudios clínicos controlados, sino los datos de la gran población de pacientes que recibe la vacuna). Uno de los titulares decía que 5,800 pacientes que recibieron la vacuna de Pfizer tuvieron reinfecciones por Covid-19. Pero el otro titular decía que el resultado de efectividad de la vacuna de Pfizer había demostrado ser de 99.992%. Lo curioso, es que ambos son ciertos.

Y es ese el detalle importante. En medicina, muchas veces hay que analizar los datos desde los dos puntos de vista, para sacar conclusiones realmente válidas. Porque finalmente, depende del periodista o del medio decidir cómo se enfoca la misma información.

Eso me recordó un cuento de cómo los diferentes periódicos dan la misma noticia. Uno de ellos, periódico serio y respetado, titulaba: “Sicarios asesinaron a pandillero”, y la noticia explicaba que el hecho ocurrió a la salida de una panadería en un área roja. Otro periódico, tabloide amarillista, titulaba con letras rojas: “Fue por pan, y le dieron pam-pam…” En fin, cada uno fiel a su estilo...

El autor es médico


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