Factores diversos, algunos que sobrepasan las capacidades y habilidades, pueden generar estados de ánimo que predisponen a experimentar sensaciones de desasosiego, desesperación, ansiedad e, incluso, una experiencia de indefensión paralizante. Otros, por fortuna, impulsan más allá de lo posible.
Cayó el primer gol de Honduras, producto de un parpadeo defensivo, aprovechado por el delantero Ellis, ante lo cual, Davis no alcanzó a reaccionar. Este primer gol impactó el ánimo de los jugadores y de todos los que compartimos la ilusión de Catar. En ese momento, el desarrollo del partido ofrecía una ventaja psicológica sobre Honduras. Nuestra plantilla entró en un desconcierto general, que no llegó a la desorganización.
Gran parte del primer tiempo, Panamá era dueño del medio campo. Y con el gol en contra movió hacia arriba a los defensas, con el fin de equilibrar las acciones. Y en ese pasaje táctico, otro desliz hizo que la defensa se viera comprometida, con un lance por el pasillo central, que el mediocampista, en posición ocasional de defensa, no logró enganchar, aprovechando el delantero López para esquivar a Manotas. Un segundo gol que se incrustó más en el corazón de nuestro equipo que en la meta. Con el pitazo de cierre del primer tiempo, en la mente y ánimo de fanáticos y jugadores parecía que el camino a Catar sería más largo. El desconcierto bañó los ánimos, mas se abrigaba la esperanza de que todo cambiaría en el segundo tiempo.
Algún día se sabrá la verdad de la dilación de Thomas en hacer los cambios, que parecían obvios. Abrió el segundo tiempo y, para sorpresa, nuestro técnico presentó el mismo plantel, mientras su homólogo repletaba el medio campo y la defensa con varios cambios. Quince, veinte minutos y no se veía movimiento en la banca. Un hálito de esperanza corrió por los nervios de la fanaticada cuando Thomas movió un alfil al lateral derecho y dos torres adelante. Abruptamente, se configuró el juego. Las jugadas, toques y amenazas a la puerta hondureña se hicieron sentir. Estos cambios sorprendieron a Bolillo. Los atacantes reconfiguraron la dinámica del juego.
En una abrir y cerrar de ojos, Waterman y Chanis encajaron dos estocadas certeras a la confiada defensa de la escuadra catracha y la mandan a cuidados intensivos, prácticamente, en el modo de coma. El gol de Waterman quedará como la mejor vacuna en tiempos de la Covid-19. Ese gol transformó el desánimo en espíritu de lucha y de ahí en adelante, el regocijo inyectó inteligencia y bravura en nuestros soldados y se convirtió en otro jugador más. Davis, como último hombre en el ataque y en posesión del balón, fue embestido despiadadamente por el portero en el minuto 80. Alea jacta est. Davis lo hizo. Un excelente y potente disparo, a ras del piso, acabó con la alegría de Honduras. Una decisión táctica y tardía, pero efectiva de Thomas. Para tomarla, se requiere atención plena, lectura del proceso, confianza en el trabajo realizado con los muchachos y firmeza en el liderazgo. ¡Nos vemos en Catar!
El autor es psicólogo y docente universitario

