Muchos momentos de alegría le ha brindado el baloncesto a Panamá, desde la Medalla de Oro ganada en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1970, celebrados en Panamá; en la participación de los Juegos Olímpicos, en México, en 1968, y durante las clasificaciones a los mundiales de 1970, 1982, 1986 y 2006. En fin, tiempos de gloria que llenaron de satisfacción al pueblo amante del baloncesto. En los últimos años, la debacle de esta disciplina se ha marcado como una herida incurable en el futuro de este deporte. Uno de los puntos más claros de este fracaso es la dirigencia, conformada por personas incapaces de administrar para el futuro, que piensan en rebuscarse y asistir a cada evento internacional con el afán único de hacer turismo deportivo.
No hay un plan para desarrollar el baloncesto, a mediano y largo plazo. En la capital, la niñez solo quiere aprender a jugar fútbol y en el interior juegan béisbol. Ambas disciplinas tienen escuelas o ligas que trabajan para captar a los relevos generacionales. Pregunto: ¿qué han hecho al respecto los últimos presidentes de la Federación de Baloncesto? Absolutamente nada.
Los dirigentes que antaño elevaron el nivel del baloncesto, ahora están en edad avanzada (inclusive algunos ya abandonaron esta vida terrenal). Esa es la gran diferencia, la actitud y aptitud de los que estuvieron fue superior a los que han dirigido el baloncesto en los últimos años. Los nuevos dirigentes no le llegan ni a los tobillos a legendarios federados, como Agustín Tin Díaz, Rodolfo Fifi Tom, Hernando Arroyo o Ricardo Dicky Paredes.
He tenido la oportunidad de presenciar los juegos de la selección en el preolímpico que se juega en México y me causa dolor y coraje ver la mediocridad que exhiben en este certamen. La mayoría son jugadores con más de 33 años de edad, otros son hijos de panameños que residen en Estados Unidos y, si acaso, hay uno que otro jugador joven.
La improvisación lleva al fracaso y a la vergüenza deportiva en el área. Ahora hay un nuevo presidente de la Federación Panameña de Baloncesto, el señor Jair Peralta, exseleccionado nacional y con una responsabilidad grande sobre sus espaldas. Yo le sugiero que se asesore con buenas personas y empiece a planificar sus objetivos para que el baloncesto no desaparezca, pues al paso que vamos le diremos adiós, solo por no tener a la persona adecuada al mando.
Aún estamos a tiempo de cambiar el futuro; busquemos el relevo generacional en la niñez y en la juventud. Señor Peralta: no imite a los malos dirigentes; usted puede iniciar el verdadero cambio, no le falle a la fanaticada de este hermoso deporte.

