Estamos inmersos todos en una recuperación a nivel de país, siendo una etapa del ciclo económico que es muy importante completar para poder volver y recuperar mejores niveles de crecimiento, donde se haga uso eficiente de recursos, se fortalezcan motores estratégicos, y a la vez se mejoren los niveles de institucionalidad y competitividad.
En esta gran tarea nos debemos enfocar todos como sociedad, ya que es vital para la nueva economía que queremos construir y dejar a las nuevas generaciones de manera sostenible.
No cabe duda que esta recuperación no ha sido fácil, muestra de ello son las diversas reestructuraciones empresariales que se han dado los últimos años, principalmente en grandes empresas, lo cual también nos muestra y da indicio de la situación de micros, pequeñas y medianas, que son la mayoría del ecosistema empresarial
Adicional a los cambios en modelos de negocios, despidos y cierres de empresas que se han dado los últimos años, el crecimiento de hoy representa un poco más de la mitad de lo que se tenía en el año 2014.
Como referencia hace cinco años crecíamos 6.2%, y hoy alcanzamos el 3.7% en la tasa promedio anual.
Mirando hacia atrás y en este camino que se ha hecho eterno, en competitividad hemos perdido 26 posiciones del 2014 al 2019, cayendo del puesto 40 al 66 (Foro Económico Mundial)
En este mismo sentido, en las facilidades para hacer negocios, también perdimos como país 24 posiciones, cuando bajamos del puesto 55 al actual 79, como lo publica el Banco Mundial, siendo un referente importante para la inversión extranjera y los negocios locales.
Teniendo estas mejoras aun por hacer, porque no empezamos por recuperar una economía - como prioridad - que aún se mantiene en desaceleración para entrar en otros temas, que sabemos y comprendemos son de igual de importantes.
Con todo este contexto Panamá llega a la discusión del salario mínimo en un periodo no tan favorable y con ciertos desafíos en términos económicos por resolver. Pese a ello, muchas voces sin tomar en cuenta este contexto, y la realidad del sector público y privado, consideran que subir significativamente el salario mínimo es la mejor opción para cerrar el año.
Como si fuera poco, Panamá tiene uno de los salarios mínimos más altos de la región, y en los últimos 5 años se ha incrementado 3 veces (en periodos de bonanza económica).
En Panamá dicho salario mínimo es 721.00. En Argentina 513.00 dólares, Costa Rica 512.00 dólares, Uruguay 431.00 dólares y Chile 413.00 dólares.
Como economistas sabemos la importancia que tiene el salario mínimo para que las personas puedan acceder y cumplir con necesidades básicas, pero también consideramos que a la par se debe discutir la productividad, siendo una tarea pendiente que tiene Panamá, cuando algunos vecinos (como Chile y Colombia) ya se encuentran discutiendo flexibilidad laboral para elevar la competitividad.
Existe literatura económica que muestra que una discusión sin tomar todos los parámetros sobre el salario mínimo puede tener efecto negativo en empleo formal y las empresas que al tener mayores costos reducirán sus posibilidades de contratación. Chile, Wedenoja (2013) / Perú, Céspedes (2005) / Brasil, Broecke (2015).
Hoy tenemos una alta tasa de desempleo que alcanza 7.1%, y una informalidad de 44.9%. Preocupa que más desempleados se sumen a las filas del mercado laboral y con eso suba la informalidad, que afecta fuertemente a las mujeres.
Sumar más informales a la economía no es favorable, tampoco genera mejor calidad de vida, al contrario, la reduce. Como país tenemos que incluir generando más inversión y empleo, antes de elevar más costos a las empresas en un mercado que hoy se caracteriza por ser rígido.
El autor es economista, consultor y docente