La semana de colecciones para el invierno próximo vivió ayer una histórica jornada, dominada por el último desfile de John Galliano para Christian Dior, en ausencia del modisto quien se supone en cura de desintoxicación.
La gran maison de costura optó por mantener su desfile en el Museo Rodin, pero lo hizo con un discurso previo de su máximo directivo, Sidney Toledano.
El desfile fue inevitablemente bello y elegante, como todo desfile Dior, y las palabras de Toledano un bálsamo, también para los grandes artesanos de sus equipos y talleres que terminaron sacando adelante esta colección, “resultado de su inmenso trabajo”, explicó.
Al evocar los últimos eventos acaecidos y con ellos otros pasados, como la deportación a los campos de concentración nazis de la hermana de Christian Dior, el discurso fue a la vez un jarro de agua fría en un acto que por definición es una fiesta, y que estuvo precedido por un ambiente enrarecido, silencioso y nostálgico.

