Es de conocimiento público que Panamá está clasificada por varios organismos multinacionales como uno de los países con peor distribución de activos e ingresos en el mundo. Esto acontece a pesar de que en Panamá hay sectores de la economía que tienen un desarrollo exitoso.
Cuando se discute sobre este tema, la mayoría de los involucrados considera que la forma de reducir la desigualdad es a través de la educación. Acepto este enfoque desde un punto de vista conceptual, pero cuando analizamos dicha recomendación, o tratamos de aplicarla en nuestro medio, surgen situaciones complicadas.
En Panamá hay una gran diferencia entre la educación privada y la educación pública. Incluso, muchas escuelas privadas bilingües gradúan alumnos hablando fluidamente el idioma inglés, que hoy en día es vital para conseguir un buen empleo en Panamá. Esto se debe a que somos una economía de servicios y la mayoría de estos servicios son internacionales. Por otro lado, las escuelas públicas se caracterizan por una enseñanza mediocre del idioma inglés y muchos de los egresados de estas escuelas difícilmente pueden conseguir un trabajo en compañías u organizaciones que exijan el idioma inglés a sus empleados.
Si observamos la cruda realidad, es que la ineficiencia de la educación publica en la enseñanza del inglés y la tecnología, lejos de aminorar la brecha entre las clases socioeconómicas, lo que hace es ensanchar esta brecha. Por lo tanto, en Panamá, con el tipo de escuelas públicas con que contamos, es difícil que la educación sea el factor que va a disminuir la desigualdad socioeconómica que indudablemente existe en nuestro país.
Basta leer las ofertas de empleo para darse cuenta que sin una sólida formación en inglés y en tecnología se hace muy difícil conseguir un trabajo bien remunerado.
Obviamente, la solución a esta situación es reforzar la enseñanza del inglés y la tecnología en las escuelas. Para esto se necesita un esfuerzo colosal y no solamente “paños tibios”, como se ha hecho anteriormente, con gestiones que parecen encaminadas a distraer la opinión pública del problema y no solucionarlo adecuadamente.
Debemos proponernos eliminar la desigualdad socioeconómica. Es una vergüenza que Panamá aparezca como uno de los países con mayor desigualdad socioeconómica del mundo. No tiene sentido que sigamos diciendo que Panamá es el país de América Latina con más alto crecimiento económico. De qué sirven estas cifras si los panameños sufrimos debido a la realidad que se nos impone día a día.
El autor es abogado

