Entre 1986 y 2006, el actor Tom Cruise era una marca segura de hacer dinero.
Cada película suya hacía ricos a los productores y a los distribuidores de Hollywood, quienes lo amaban hasta el delirio. Por eso le dan jugosos contratos (cobra entre 20 y 30 millones de dólares) y regalías millonarias por sus conquistas en boletería (le dan entre el 12% y el 30% de las ganancias). Todo era poco para este Midas del celuloide. Ya no.
Fue tanto su empuje comercial, que ya no le bastó ser amado por sus millones de seguidores, sino que luego buscó la manera de que los críticos y los premios también lo quisieran y lo consiguió con los dramas Rain Man, Nacido el 4 de julio y Magnolia.
Ahora el asunto es distinto. Su más reciente protagónico, Encuentro explosivo (Knight & Day), no fue un hit de taquilla ni en EU ni en otros mercados.
En casa Knight & Day logró 73 millones de dólares y fuera de su hogar 90 millones de dólares. Sí, son 163 millones de dólares en un mes de proyección y sí es ganancia con un presupuesto de 117 millones de dólares.
El punto divergente, es que hablamos de Tom Cruise, aquel que en 1986 hizo que Top Gun recaudará 353.8 millones de dólares.
En 1996 fue un gol por partida doble: 457.6 millones de dólares por Misión Imposible y 273.5 millones de dólares por Jerry Maguire. En 2000 hizo 546.3 millones de dólares la segunda entrega de Misión Imposible y dos años después su Minority Report consiguió 358.3 millones de dólares.
En 2003 alcanzó los 456.7 millones de dólares con El último samurai y se superó a sí mismo con La guerra de los mundos (591.7 millones de dólares).
Pero luego Valkiria (2008) obtuvo 200 millones de dólares y Encuentro explosivo decepcionó a su público y a los especialistas (solo al 54% le gustó esta cinta de acción dispareja).
En la década de 1990 revistas como Empire y People lo consideraban uno de los hombres más sexys de la historia del cine. Ya no.
Publicaciones como Forbes y New York Times lo ubicaban entre los artistas más influyentes de Hollywood. Ya no.
¿Qué pasó? Quizás sus admiradores han disminuido debido a su escandaloso divorcio de su colega Nicole Kidman (en 2001) o su exageradamente publicitado matrimonio con la también actriz Katie Holmes (se casaron en 2006 y desde entonces la chica trabaja en contadas ocasiones).
Puede ser su defensa de la polémica cienciología (asegura que esta religión le curó su dislexia) o hicieron mella sus ataques contra Brooke Shields o la escena ridícula de él saltando durante un sofá en una entrevista con Oprah Winfrey.
Algo de eso o todo junto ha hecho que Tom Cruise haya perdido parte de su aura.

