¿Qué ser humano le pide permiso al planeta Tierra para usar todo lo que hay en él? Ninguno. Desde que Dios creó al hombre y a la mujer, del planeta obtenemos la tierra, la madera, los metales y el agua. Disfrutamos de sus árboles frutales, del producto que sembramos para alimentarnos, de sus ríos, lagos, mares y de todas las especies animales.
Sin embargo, nada de lo que disponemos en el mundo terrenal nos pertenece, cuando morimos no nos llevamos nada. Por eso, el ser humano no tiene derecho a apropiarse de la Tierra y menos de destruirla.
Muchas civilizaciones antiguas, como los egipcios, romanos, griegos, chinos, etc., nos dejaron sus legados en construcciones y edificaciones. Así hemos conocido, a través de ellas, sus culturas, su filosofía de vida, el ambiente natural que les rodeaba y nutría. Pero no hemos aprendido de ellas.
Actualmente, diferentes personas esbozan su disgusto por la mutilación salvaje que se comete en detrimento del medioambiente en nuestro país, sin que a nuestros gobernantes parezca importarles tal criminalidad. Así vemos que se otorgan permisos y se aprueban estudios de impacto ambiental, a diestro y siniestro, para el desarrollo de proyectos que lesionan la naturaleza.
Señores de la Autoridad Nacional del Ambiente, de Ingeniería Municipal, del Ministerio de Obras Públicas y de todas aquellas instituciones que otorgan los permisos de construcción, ¡estamos acabando con la Tierra! Todos los desastres naturales que se están viendo en los últimos días, ¿a qué se deben? El planeta está alterado por la mano del ser humano, que se empeña en seguir destruyéndolo.
Las manifestaciones públicas de los gremios y de las asociaciones que se identifican con la causa ambiental, no se hacen por gusto. La Tierra se encuentra herida por las mutilaciones diarias que le hacemos. Hay un desequilibrio natural y ya estamos viendo las consecuencias. Pero parece que hay muchas personas que no las ven. Los daños son irreversibles, y las futuras generaciones vivirán esas consecuencias.
Autoridades, recuerden que los puestos públicos que ocupan ahora son transitorios, no eternos. Sean responsables, porque la desaparición de la flora y fauna causará un daño irreversible al planeta.
