Política exterior

Diálogos sobre seguridad (II)

Una de las lecciones más importantes para el mundo post Covid-19 será la necesidad de redefinir el concepto de seguridad internacional. Las principales amenazas a la paz y la seguridad internacionales ya no se van a limitar simplemente al ámbito militar, sino que también van a incluir las pandemias, la bioseguridad, los desastres humanos y naturales, los ciberataques y el cambio climático. Ante amenazas de esta naturaleza, los Estados deberán priorizar el multilateralismo y la cooperación internacional como los elementos esenciales de cualquier respuesta eficaz.

Esta coyuntura es también una oportunidad para que Panamá se reinserte en la agenda de seguridad internacional. En el entendimiento de que nuestro país aspira a ocupar un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el período 2025-2026, y en base a las experiencias positivas en materia de cooperación internacional durante la pandemia, Panamá debe incorporar a su política exterior una perspectiva de seguridad internacional y una estrategia humanitaria. A continuación, se presentan algunas propuestas a considerar.

En la diplomacia multilateral, Panamá debería considerar incorporarse al Grupo ACT de 25 Estados que propugnan la rendición de cuentas, la coherencia y la transparencia en los procesos de Naciones Unidas (ONU). Recientemente, este grupo hizo un llamado al Secretario General para “abrir” una reunión del Consejo de Seguridad en el interés de que ésta fuese accesible a los Estados no miembros del Consejo y al público en general, a través del “webcast”, pues el Secretario General iba a rendir un informe sobre la situación mundial del Covid-19. Panamá necesita incorporarse a este tipo de iniciativas y aliarse con aquellos Estados que buscan una mayor transparencia y rendición de cuentas en el ámbito multilateral.

A nivel humanitario, Panamá ya cuenta con la infraestructura (el “hub” humanitario) y la posición geoestratégica para jugar un rol significativo. Es necesario, entonces, consolidar el marco regulatorio a nivel internacional que facilite la coordinación, la prestación y la canalización de ayuda humanitaria desde Panamá para toda las Américas. Para tal fin, Panamá podría prohijar una convención para la protección de las personas en casos de desastres, basándose en el proyecto de artículos preparado por la Comisión de Derecho Internacional de la ONU y cuyo texto fue aprobado por la Sexta Comisión de la Asamblea General de la ONU.

En materia de bioseguridad, tal como señaló Max Brooks, si bien estamos frente a una pandemia, la próxima gran amenaza que enfrente la humanidad podría involucrar el uso de armas biológicas. Es por ello que es necesario dotar al primer tratado multilateral de desarme, la Convención sobre las Armas Biológicas de 1972, de un mecanismo de verificación y cumplimiento. Lo anterior implicaría desarrollar una institución como la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), pues su modelo de verificación involucra agentes químicos, que al igual que los biológicos, son de uso dual. En este sentido, la situación mundial resulta propicia para que Panamá lidere un esfuerzo por retomar las discusiones tendientes a desarrollar un régimen de verificación jurídicamente vinculante para las armas biológicas.

A nivel nacional, se hace necesario reconfigurar el Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional para que su composición refleje el carácter multidimensional de la agenda de seguridad y su componente internacional, priorizando en las principales amenazas que enfrenta la humanidad. Además, emulando el modelo de Estados Unidos, se podría crear, dentro del Consejo, una Dirección de Seguridad, Sanidad Global y Biodefensa para desarrollar estudios, sistemas de alerta temprana, estimaciones y planes de respuesta integral. Esto también podría replicarse en las áreas de ciberseguridad, desastres y cambio climático. Es apremiante que Panamá retome la senda de los estudios estratégicos.

La oportunidad que se nos presenta es también un llamado a ocupar otros espacios en la agenda multilateral, más allá de la defensa de nuestro sistema financiero. Nuestra política exterior necesita de un enfoque estratégico y multidimensional. Para tal fin es necesaria la planificación y la articulación de posturas de Estado, sustentadas en principio y en derecho. Las conquistas diplomáticas más importantes en la historia de la República se han logrado con el apoyo y a través de los espacios multilaterales; es tiempo de retomarlos.

El autor es abogado y profesor de derecho internacional

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