Referente a las recientes declaraciones del Meduca, quienes se disculparon por “imágenes y contenidos contrarios a la concepción de la familia” en el caso de textos de cívica para estudiantes de 12° grado en el IPHE, resulta lamentable viniendo de instituciones estatales. Sus palabras llegan como recordatorio de la censura en la educación panameña; un abismo que lo separa de los nuevos estándares de educación en el mundo. Actualmente, la consigna es la educación para la diversidad; es la educación por la inclusión de todas las culturas, aun las sexuales. Este tipo de declaraciones por parte de una entidad es una de las tantas representaciones sociales, culturales e institucionales de agresión, rechazo y exclusión a la población LGBTIQ+. Pido perdón a esta y a futuras generaciones por las “palabras y simbolismos contrarios a los derechos humanos que expresa el Estado panameño en el año 2020”.
Nos encontramos frente a un discurso institucional de desigualdad, que comunica “no somos iguales”, y que marca como precedente que se desconozcan derechos nacionales y supranacionales a una gran parte de la población. Lo triste es la disculpa a la inclusión, a la igualdad, ese incómodo por favor, “excúsenos” por enseñar la diversidad familiar, pero no se preocupen, todo volverá a la “normalidad”.
Nos dice la Constitución, en su Capítulo 5°, que la educación se basa en la ciencia y la democracia, y se funda en principios de solidaridad humana y justicia social. Más bien debería decir: “la educación se basa en la demagogia y en principios de solidaridad hetero-hegemónicos y la visibilización de unos cuantos grupos aceptados”. Y no solo hablemos de la Constitución y de sus artículos 17, 19, 91, 92 y 94; también podemos mencionar la ley orgánica de educación en sus artículos 3, 9, 10, 13 y 14 y, en cuanto a las leyes internacionales, solo con la Carta de Naciones Unidas y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, tenemos para días de debates respetuosos, lejos de prejuicios individuales. Pero aquí, en este pedacito del meridiano-5, no hay debate; aquí tenemos un silencio, que dice mucho. ¿Qué es eso que se calla? ¿En qué se fundamenta, lo que no se fundamenta? El tabú de la diferencia nos sigue arropando como sociedad.
Imagínese que el Meduca se pronunciara en derecho y dijera: “como institución, estamos convencidos de que la educación debe ser democrática y es nuestro valor la justicia social. Respetuosamente, solicitamos a estas organizaciones que nos solicitan ‘no educar x ó y’, que no esparzan discursos de odio, que encontremos la tolerancia a la diversidad de ideas”. Sería este un importante precedente de “los valores homofóbicos no forman parte de la sociedad de hoy”. Hermoso, ¿no? En teoría sí. En la práctica, lastimosamente, Meduca y sus disculpas.
La autora es abogada