[GIRA LATINOAMERICANA]

Menos discursos y más hechos

Más que oírle repetir palabras elocuentes sobre el futuro de la región, lo que América Latina quiere de Obama son hechos concretos

El presidente Barack Obama viaja este fin de semana a Centro y Suramérica para “estrechar las relaciones con Brasil, Chile y El Salvador y forjar nuevas alianzas para el progreso de América Latina”, dice el comunicado de la Casa Blanca.

Abundando sobre el tema, el canciller chileno Alfredo Moreno ha revelado que en Santiago, Obama pronunciará un “importante” discurso sobre el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y las Américas. En rigor, este sería el tercer discurso en el que Obama anuncia la renovación de su política hacia la región. El primero fue en Miami, en 2008, en plena campaña hacia la Presidencia. El segundo fue un año después, en la Cumbre de las Américas en Puerto España, Trinidad y Tobago.

En la práctica, es decir, en el presente de la relación entre EU y América Latina, lo que ha persistido en los dos últimos años es la tradicional “indiferencia benévola” de EU hacia la región aunque con agravantes. Con México y Brasil, los dos países que mayor incidencia tienen en las relaciones de Estados Unidos con el hemisferio, se han dado serias fricciones y desencuentros cada vez más profundos y frecuentes.

Así las cosas, le pregunto a Heraldo Muñoz, ex embajador de Chile ante Naciones Unidas y autor del libro La sombra de Pinochet, ¿Cuál es el propósito del viaje de Obama? “Me imagino”, responde el diplomático, “que lo hace porque no quiere que se piense que en estos dos años ha ignorado totalmente a la región”.

Coincido con el embajador chileno pero añado: Obama viaja a la región para reafirmar retóricamente su liderazgo en el hemisferio y para defender los intereses de Estados Unidos en un momento en el que el comercio con China logra progresos impresionantes. En 2009 China se convirtió en el principal socio comercial de Brasil desbancando a Estados Unidos. Dos años antes, China ya era el principal mercado para las exportaciones chilenas, sobre todo de recursos naturales como el cobre y semilla de soya.

Con su visita, Obama confirma que Brasil es su principal interlocutor en el sur del hemisferio y subraya su intención de reparar una relación diplomática que en los dos últimos años se ha deteriorado. La llama de amor que prendió entre ambos países gracias a la “química” entre George W. Bush y Luiz Inácio Lula da Silva se apagó cuando Obama llegó a la Presidencia. El cambio de gobierno en Brasil y la disposición de la nueva presidenta a cambiar el tono beligerante de su predecesor hacia Estados Unidos hacen prever que la relación podría mejorar. “Dada su importancia global y regional, ningún Presidente de EU puede darse el lujo de no ir a Brasil”, me dice Peter Hakim, un reconocido experto en asuntos brasileños, y añade, “la creciente influencia política y económica de Brasil obliga a Estados Unidos a buscar un acomodo que le permita cumplir sus diversas agendas globales y regionales”.

De Río de Janeiro, Obama vuela a Santiago. “La adición de Chile a la gira”, me dice el embajador Muñoz, “debe verse como una señal de apoyo al éxito democrático del país, a su recuperación posterior al terremoto y a la continuidad de su modelo económico”.

En la última parada de su gira Obama visitará El Salvador. “A Washington le preocupa el tema de la seguridad en América Central”, me dice Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano. Además, añade Shifter, “El Salvador le permite a Obama resaltar el tema del pluralismo político y la alternancia en el poder. El ascenso de Mauricio Funes a la presidencia es una historia llena de simbolismo dado su pasado como miembro del FMLN”.

En la confección de la agenda de la gira, es evidente que la administración de Obama ha privilegiado a países que ocupan el centro del espectro político y que le han apostado a la economía de mercado aunque desafortunadamente deja fuera a Perú y a Colombia. El desaire a Perú es difícil de entender, pero a Colombia no viaja Obama, porque al inicio de su campaña de reelección sus compromisos políticos con los sindicatos estadounidenses le impiden cumplir su tan anunciada decisión de aprobar el Tratado de Libre Comercio, cuyas negociaciones concluyeron en febrero de 2006, y eso es una vergüenza.


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