¡Me duele la barriga!

Por los últimos cinco años he seguido de cerca la historia de amistades y pacientes que sufren de dolor en el abdomen. Escuchando a estos individuos empecé a entender que en la medicina no siempre son los problemas comunes los que reciben mayor atención, sino los que logran un estatus.

Ese es el caso de los pacientes con dolor abdominal, quienes históricamente han recibido un "hombro frío" por parte de todos.

Más allá de la falta de fama, se le han acuñado nombres erróneos como "dolor de barriga", "angustia" o "indigestión". Pero el término médico correcto es dispepsia y un grupo de expertos se ha reunido en Roma a lo largo de la última década con la intención de llegar a un acuerdo en cuanto a una definición práctica de dicho malestar, concluyendo que es un "dolor o incomodidad que se localiza en el medio del abdomen alto".

Causas de la dispepsia Múltiples estudios han identificado el reflujo gastroesofágico, las úlceras del estómago y el intestino delgado y los trastornos de motilidad del esófago y estómago como causas frecuentes del malestar, abarcando entre el 40% al 50% de los casos. Raramente, aflicciones de la vesícula biliar o el páncreas causan dispepsia y el temido cáncer de estómago suele ser el causal en 1 de cada 100 pacientes con el malestar.

Cuando un paciente presenta el malestar por más de tres meses y luego de que la evaluación del médico resulta negativa, los pacientes reciben el diagnóstico de dispepsia funcional o dispepsia sin úlcera. En palabras comunes y corrientes, esto implica que la causa del dolor se desconoce.

Una evaluación adecuada Todo paciente que sufre de dolor abdominal de manera crónica (más de 3 meses) y que no recibe alivio luego de remedios caseros, o en quien el malestar es suficiente para interferir con su capacidad de completar sus actividades diarias, debe ser evaluado por un especialista.

La evaluación suele incluir una historia clínica y examen físico detallados. Seguidamente, suelen hacerse pruebas de sangre que puedan revelar anemia o trastornos del hígado, vías biliares o páncreas.

Frecuentemente, es necesario inspeccionar la mucosa del esófago y estómago por medio de una endoscopia. En ésta, el paciente recibe sedantes, y un delgado tubo con una cámara de video es introducido por la boca y avanzado al estómago y primera porción del intestino delgado. La prueba es ambulatoria, indolora y suele demorar unos 10 minutos. La información más importante que ofrece la endoscopia tanto para el paciente como para el médico tratante, es la ausencia de un proceso canceroso en el estómago o esófago.

El tratamiento adecuado El manejo de los pacientes con dispepsia es dirigido al causante del dolor. Como se mencionó anteriormente, entre el 40% y el 50% de los pacientes sufren una patología orgánica y así las úlceras gastroduodenales pueden ser tratadas con potentes antiácidos y antibióticos que eliminen a la mencionada bacteria (Helicobacter pylori) cuando está presente.

En los casos cuando no se encuentra el causante, tratamientos tradicionales pueden ayudar a cierto número de pacientes con dispepsia funcional, tal cual se detalla a continuación:

— Aún en ausencia de úlceras, de encontrarse la bacteria Helicobacter pylori, 15 pacientes han de ser tratados para que uno quede sin dolor.

— Nueve pacientes han de ser tratados con potentes antiácidos para que uno se beneficie de esta intervención.

— Cuatro pacientes han de ser tratados con medicamentos que promueven el vaciamiento del estómago, para que uno sienta mejoría en sus síntomas dispépticos.

Quizás el descubrimiento más importante de los últimos años en el tema de los pacientes con dispepsia funcional, en especial en quienes las intervenciones arriba mencionadas han fallado, ha sido el uso de terapias no convencionales para el alivio de los síntomas.

Expertos en el área de la psiquiatría habían argumentado la posibilidad de que el dolor, en algunos individuos, era consecuencia de una comunicación alterada entre los órganos del abdomen y el cerebro o de la manera en la cual el individuo mismo reaccionaba ante el dolor. Basados en estos conceptos, múltiples estudios han demostrado que medicamentos usados como antidepresivos suelen disminuir la percepción del dolor por el paciente (en especial en aquellos pacientes que no están deprimidos) y varias terapias psicológicas han demostrado ser sumamente eficaces en cambiar las actitudes del paciente ante su padecimiento.

Este manejo conjunto del paciente, entre gastroenterólogo, psicólogo y psiquiatra se ha traducido en importantes mejorías en los síntomas de los pacientes.

El futuro A raíz de las múltiples investigaciones en el área, los próximos años han de marcar un nuevo paradigma en el tratamiento de pacientes con dispepsia funcional, con un movimiento hacia la incorporación de terapias alternativas e intervención psicológica temprana, junto al uso de nuevos medicamentos capaces de alterar la respuesta a estímulos dolorosos provenientes de áreas más sensibles que lo usual.

Conjuntamente a la educación que a este respecto ha de recibir la comunidad médica, los pacientes han de ser cuidadosamente educados para eliminar el erróneo concepto de que a un psiquiatra o psicólogo solo va el que está loco.

En su caso específico, estos profesionales han de ser vistos como un coach o entrenador de defensa personal, que les enseñará a reaccionar de una manera distinta ante una situación —en este caso, dolor—.

En conclusión, los pacientes con malestar crónico del abdomen alto tienen motivo para ver con optimismo el nuevo ímpetu con que se están investigando nuevos tratamientos.

*Rettally es gastroenterólogo

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