FILOSOFANDO CON EL MARTILLO

La economía de mercado y algunos vicios ocultos

Ante los actuales acontecimientos, caracterizados por el pésimo manejo de la política de competencia y del papel que deben jugar las instituciones, me veo obligado como ciudadano a puntualizar algunos elementos de fondo. Es obvio el marcado enfoque asistencialista, reforzado por shows mediáticos que han expuesto las cabezas de los billeteros por vender chances y billetes de lotería “casados” o que en otro momento algún burócrata nos quiera hacer creer que la canasta básica de alimentos ha bajado uno que otro dólar, respecto del mes anterior, siendo a lo mejor producto de algún efecto de inventario.

Pero lo inevitable es que con cada nuevo ciclo económico, los precios de los alimentos y de los combustibles se sitúan permanentemente en niveles superiores, indistintamente de las fluctuaciones intermensuales. Y ni siquiera en eso hay un consenso inteligente entre las instituciones estatales. Peor aún, es la desfachatez manifiesta de solo considerar a los billeteros, en ser los únicos que venden con sobreprecios ¡vaya idiotez! En la práctica común siempre ha sido esa en todos los ámbitos del comercio y hasta en las licitaciones públicas. ¿Y cuántas cabezas han rodado por eso? Solo basta con recordar algunos vergonzosos casos recientes. ¿Dónde ha quedado la transparencia? Espero que no quede en el olvido.

Como diría Friedrich Nietzsche respecto de esta estirpe de funcionarios miopes, su condición de animal inferior solo les ha permitido anteponer el Yo al razonamiento, ¿o es que el razonamiento solo reside en sus entrañas flatulentas? O bien, ¿para satisfacer sus necesidades mundanas y aferrarse al sector público de forma parasitaria? Se han pasado informándonos de cosas de poco valor informativo, como si fueran grandes noticias y que en nada alimentan la discusión y el debate social serio, respecto de los elementos de fondo, que afectan el buen funcionamiento de nuestra economía de mercado y que se manifiestan en altos precios de los bienes y servicios, derivados en muchos casos de una moral corrupta de hacer negocios, y teniendo además como telón de fondo a un sector agropecuario atrasado tecnológicamente, bajo la mirada miope de instituciones inoperantes y decadentes.

¿Cuáles son los elementos de fondo? Solo mencionaré algunos, que a estas alturas son verdaderos clásicos de nuestra economía hipertrofiada: la falta de infraestructura para la producción agropecuaria, falta de créditos, escasa inversión en investigación y desarrollo y, por ende, poco progreso tecnológico en la producción y comercialización de productos alimenticios; o bien, la escasa capacidad para hacer cumplir metas de calidad y eficiencia a las empresas de servicios públicos, en adición a la impotencia manifiesta para combatir prácticas monopolísticas, ante los inevitables procesos de concentración económica en las ramas más modernas de la economía, y que derivan en una mayor desigualdad en la distribución de la riqueza en el ámbito sectorial, son algunos ejemplos nefastos de nuestra inoperancia institucional o la mejor prueba de un estado fallido.

¿Dónde queda la eficiencia productiva y el incremento de la productividad, como sustento del mejoramiento de los salarios y bienestar de la población? Tenemos que seguir pagando millonarios subsidios en el consumo de hidrocarburos o, como en el caso del sector eléctrico, que en vez de disminuir sigue aumentando, igual que la falta de visión en nuestras políticas públicas, que debieran enmarcarse sobre la base de un desarrollo sustentable, que garantice el buen funcionamiento del mercado y que no le cueste más millones de dólares a nuestras futuras generaciones. Ni siquiera aquella estirpe de funcionarios que dicen defender la economía de mercado entienden que el progreso tecnológico también encarece los bienes.

No comprenden que para sustentar un estado de bienestar, la productividad debe ser el fundamento del crecimiento económico y para garantizar una relación equilibrada respecto del capital por trabajador, que contribuya al incremento de los salarios y a la competitividad empresarial, en un mercado donde la tecnología sigue evolucionando y debe difundirse a todos los sectores de la economía.

Es hora de que las políticas de Estado se hagan con un enfoque integral, dirigidas a resolver las imperfecciones del mercado interno y sin deteriorar indiscriminadamente los ecosistemas, para que nuestros consumidores y empresarios honestos de generaciones futuras no sigan pagando el precio de tener instituciones decadentes, que solo se basan en shows mediáticos, que garantizan la existencia mundana de algunos funcionarios ineptos, en detrimento de aquellos que son honestos, decentes y capaces.


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