Sabemos que un tema muy puntual tocado por toda la sociedad y los medios de comunicación, ha sido la inestabilidad económica en la que se mantienen los países actualmente a causa de la crisis sanitaria que estamos viviendo. Pero se ha dejado como secundario el argumento de las secuelas que ha provocado la pandemia en el sector social y las finanzas personales, provocando síntomas de estrés, ansiedad, tristeza y, en algunos casos, la inducción al alcohol y las drogas, ofreciendo una escapatoria para muchas personas por la pérdida de sus trabajos, ingresos extras y modificación de los roles familiares, donde un hogar se ha tenido que convertir en escuela y área laboral.
Estos cambios abruptos han ido repercutiendo poco a poco en la salud mental de las personas, afectando así a los distintos grupos sociales, principalmente aquellos con ingresos bajos, ya que son perjudicados por la pérdida temporal de retribuciones. Panamá no se escapa de esta realidad. Al inicio de marzo de 2020, un total de 289,209 contratos fueron suspendidos y la ayuda solidaria no llegó a todos los domicilios afectados. Pues es aquí donde la ansiedad económica se apodera de los panameños; en vista de ello, muchos no han retornado a sus labores y, a la fecha, el 47.19% de contratos aún no han sido reactivados
Con la llegada de la pandemia, el mundo se ha visto paralizado y perturbado por la gran demanda de pacientes con afecciones mentales. Según un artículo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la demanda se mantiene en un 93% y los países invierten un financiamiento a este sector de apenas 2% de su presupuesto; al momento del caos, muchos no lograron responder de manera adecuada a la población.
Finalmente, podemos decir que es fundamental que los países destinen más de un 2% al sector de salud mental, creando programas de ayuda que adopten teleterapias con un seguimiento mensual a sus pacientes, de forma que se capacite un personal idóneo para la atención destinada a personas vulnerables, como niños y adolescentes.
Y ahora te pregunto: si tuvieras la oportunidad de colocar tu economía y tu salud mental en una balanza, ¿cuál pesa más?
Las autoras son licenciadas en Finanzas y Banca
