BUENOS EJEMPLOS.

Los educadores, faro de luz

En la época de los grandes veleros había quienes aprovechaban las noches sin luna, en las que apenas se divisaban las costas, para engañar a los capitanes de los navíos con la intención de atraerlos hacia lugares peligrosos, colocaban luces en el litoral. Si la treta surtía efecto, el buque naufragaba, se perdían muchas vidas y los ladrones se quedaban con el cargamento. Esa época de los grandes veleros continúa.

La nave representa a esta juventud desorientada que desea tomar rumbos positivos a pesar de que los escollos del materialismo, la inmoralidad la hace naufragar en las costas donde se levantan torres que han salvado la vida de un sinnúmero de marinos jóvenes: los faros de los educadores.

Los faros de los educadores advierten con su luz, la presencia de los arrecifes o de otras amenazas y les anuncian a sus discentes que al final de la agotadora travesía del mal tiempo que se avecina indica buscar otras rutas, otros senderos. Sin embargo, en siglos pasados , muchos navíos atravesaban el ancho mar sin contratiempos, y cuando estaban a punto de arribar a puerto, naufragaban. Esta última etapa de la travesía era la más problemática, porque no existía el faro.

Hoy que existe el faro y con el repique de tambores, de cornetas, de clarines, de marimbas de lujo, de fuegos artificiales y de gran esplendor debemos darnos cuenta de que hay una juventud que irradia alegría y que tiene sus facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto porque llevan a bordo un catálogo con las cuales enumeran las características y la señal distintiva de acuerdo al catálogo de los adultos y gracias a esas descripciones pueden, los jóvenes, determinar qué faro tienen a la vista y, por consiguiente, la posición del barco educativo por la cual deben optar.

El faro de luz correcta en el aula de clases nos ubica hacia una facilitación de nuestras experiencias vividas y, por eso, debemos comprender que esta juventud tiene en su faro interior una voz que recibe con buena información y con una buena escucha para encontrar soluciones de acuerdo a los dictados de la conciencia individual y poder sopesar la afinación de esa voz interior con una conciencia educada que tendrá otro efecto armonioso con el conocimiento exacto de la verdad. Por ejemplo, cuando llamamos por teléfono no es raro que confundamos la voz del hijo con la voz de su padre. Puede que el parecido se deba a que el joven haya heredado el timbre de la voz, pero lo más probable es que haya ido asimilando otros rasgos de la forma de hablar del padre.

De igual forma actúa la voz de la conciencia influida por los educadores o facilitadores, quienes rodeados de voces juveniles en el aula de clases ayudamos a hacer catarsis a través de trabajos escritos y de las técnicas de expresión verbal en los debates abiertos, en las mesas redondas, en foros, en entrevistas, monólogos, declamaciones, teatro, drama, corales poéticas que con cantos de guitarras anuncian un nuevo amanecer cuando el reloj "cucú" cante sus horas con gran tino de perfección y nuestra juventud despierte positiva esperando que los educadores seamos faros de luz.

Edición Impresa