Quisiera por esta vía dar un sí al llamado de la Comisión Arquidiocesana de Oración y compartir unas reflexiones sobre uno de los valores más bellos y esenciales de todo ser humano: nuestra capacidad de amar.
Los valores son principios, virtudes o cualidades que identifican a una persona, es lo que mueve a la acción positiva en función de las creencias, de los conocimientos y experiencias, que determinan las conductas y las buenas relaciones interpersonales.
Un valor humano fundamental, es el amor. Sentimiento noble que viene de Dios, que suma e invita a construir relaciones humanas robustas, duraderas y que expresan sentimiento, gratitud, admiración.
Hoy, las personas necesitamos practicar el Amor, para construir un mundo mejor, que no mueran niños y niñas por falta de alimentos; que no mueran personas por la violencia en las calles; que no se rompan las relaciones de amistades de muchos años, por falta de comunicación; que no se produzcan más guerras entre hermanos, ciudadanos de un mismo país o de otra nación, por falta de amor a la naturaleza humana, por intereses geopolíticos o por el afán de acaparar un mineral.
Cuando hablamos del Valor más bonito, el amor, el corazón se llena de paz y de alegría, porque la persona que ama, es una persona feliz, que irradia sentimientos y emociones, es fiable, es amiga, es grato su compañía.
El amor, es una fuerza interior que impulsa hacer las cosas bien, que emociona, que atrae, que alimenta el alma y refuerza nuestras actitudes, que son percibidas por la persona amada, y por el mundo alrededor, donde se vive y se comparte los sueños y las realidades.
El amor tiene muchas caras, primero, el amor a Dios, es la fe, que da sentido a nuestras vidas, es el amor del padre a sus hijos, es la máxima del amor, al enviar a su hijo para el perdón de nuestros pecados.
El amor a nuestros padres, es un sentimiento de gratitud, de pertenencia a una familia, es sentimiento, es emoción, es grandeza en nuestro corazón.
El amor a la persona amada, esposa, madre y compañera fiel, es una elección, es un compromiso, es de dos.
El amor a nuestros hijos, es un regalo de Dios, es eterno, es el principio, es buen orgullo, es compartir todo el tiempo, es enseñar, orientar.
El amor a la naturaleza, a la vida, al trabajo, nos hace humano, transforma todo, nos ayuda en la búsqueda permanente del bien común.
El autor es ingeniero químico