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Aprendizaje

El arrullo que llevamos dentro

En un ensayo titulado “El placer que no tiene fin”, del libro La decadencia de los dragones, William Ospina escribe que “contar historias a los niños es una de las más poderosas maneras de expresar el amor que se siente por ellos”. Es, sin duda alguna, uno de los gestos de ternura más grandes que puede existir. Con Ospina coinciden muchos autores que, con otras palabras, otras miradas y otras percepciones, nos hablan de los diversos beneficios que tiene la lectura en la primera infancia.

El narrador oral Bonifacio Ofogo Nkama ha resumido los atributos de contar cuentos a los niños de esta forma: contar cuentos fomenta la lectura; los cuentos cumplen una función de comunicación, y la palabra y los cuentos crean realidades y transmiten ternura. Creo que, de todos estos valores, el más importante es la ternura. Creo, firmemente, que la forma de amor que contiene más afecto en el mundo es el momento en que una madre acurruca a su bebé para cantarle un arrullo, lo cobija en sus brazos y con su voz le recita un cuento. Es la sensación más agradable que quedará impresa en su vida.

En un artículo de nuestro recordado Harmodio Auibe Vivar, titulado “Fragmentos del futuro en el arrullo kuna”, hay una cita referida a Gabriel García Márquez tomada de un texto que tituló “Bueno, hablemos de música”. Allí, el escritor colombiano escribe: “Debo decir, sin embargo, que la canción más bella que escuché jamás en esa región alucinada fue la que cantaba una niña indígena de unos nueve años en las islas San Blas de Panamá. La niña cantaba con una hermosa voz primitiva, acompañándose con una sola maraca, mientras se mecía a grandes bandazos en la misma hamaca donde dormía un niño de pocos meses”.

En el arrullo que ejecutan las mujeres kunas –escribe Auibe Vivar- se narran historias de vida del entorno familiar. Se hace un recuento de acontecimientos memorables como los nacimientos, las muertes, los viajes, las llegadas, en fin, las alegrías y tristezas del pasado reciente. Sin embargo, también se presentan conjeturas, hechos hipotéticos que se adelantan al futuro.

Cuando la cantora narra el futuro, el arrullo entra en el territorio de la imaginación. Los acontecimientos por ocurrir son contados como si efectivamente hubieran tenido lugar. Dado que en el arrullo se canta a los infantes, gran parte de la narración es dedicada a la vida futura de la criatura.

Esta noción del tiempo de la infancia en la cultura kuna, esta ilusión del tiempo que prepara al infante en su reciente andar por la vida, podría estar implícito de otra manera cuando una madre le canta canciones de cuna o le cuenta cuentos a su niño. De alguna manera que no puedo yo explicar, ayudamos a construir el futuro del niño porque le transmitimos amor y un afecto que va más allá del conocimiento. Cuando un niño escucha un cuento por primera vez, experimenta un hecho mítico que no volverá a repetirse de la misma forma.

Estoy pensando que hay distintos tipos de arrullos para los niños. Está, en primera instancia, el arrullo de la piel, el que la madre le da a su hijo con el apego a su cuerpo; otro sería el de la extensión de su piel, que es el que le da la madre a través del patrón con el que lo envuelve en sus sabanillas; nosotros lo llamamos enchumbar. Y está el arrullo de la voz cuando la madre recita a su bebé una canción de cuna, o cuando, simplemente, le habla a su bebé. El efecto que podría producir contarle cuentos desde la primera infancia a los niños puede ser el acto de ternura más cercano a un arrullo. Este acto los alimenta y los prepara para la vida.

Sentirse cobijado en los brazos de mamá o papá y escuchar su voz cerca a ese caracol que trae palabras desde un mar de abrazos y caricias, recitar o leer un cuento, es un acto de amor que humaniza al niño. Esta humanización consiste en un conjunto de representaciones simbólicas que rodean al niño y lo moldean. Es parte vital del desarrollo integral narrarle cuentos e historias al niño. Esta sensación agradable y, a la vez, poderosa, mientras se le canta, se le habla o se le lee, creará un vínculo de afecto y atracción en el bebé hacia la lectura desde sus primeros años, pero también hacia otras esferas del conocimiento y el pensamiento.

La lectura es una de las actividades más beneficiosas para la salud mental, puesto que se ha demostrado que estimula la actividad cerebral y fortalece las conexiones neuronales. Sin duda, leer a los niños puede enriquecer su lenguaje, ofrecer información y conocimiento, conducirlos por un mundo de la fantasía, estimular su imaginación, desarrollar su creatividad y capacidad de retención, fortalecer sus valores; los ayudará a ser más empáticos, inteligentes y sensibles; pero, sobre todas las cosas, sembrará una semilla en su pequeña memoria de niño que generará un código existencial, que será como el arrullo que llevará dentro de sí, como el ADN de un susurro que despertará cada vez que lo necesite.

El autor es escritor


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