Guernica es un cuadro pintado por Pablo Picasso en París entre los meses de mayo y junio de 1937, cuyo título hace alusión al bombardeo de Guernica, ocurrido el 26 de abril de dicho año durante la guerra civil española. La ciudad quedó afectada con aproximadamente más de 1600 muertos y 800 heridos. El maestro del cubismo decidió plasmar en un gran lienzo la matanza de inocentes, creando así su pintura política por excelencia. Declarando que: “la pintura no está hecha para decorar las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo”.
En el cine también observamos manifestaciones políticas, como fue el periodo de la dictadura fascista, de Adolf Hitler, que encontró en este arte un medio de comunicación y propaganda para influir en las masas. Producciones cinematográficas de corte político también la encontramos en obras como: Memorias del subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea (1968), Todos los Hombres del presidente de Alan J. Pakula (1978) y Ghandi, ganadora al Oscar por mejor película del año (1982), dirigida por Richard Attenborough, entre otras; aunados a una extensa selección de filmes que cada año provienen de todas partes del mundo.
En esta relación de arte con la política anotamos el movimiento contracultural que representó el festival de Woodstock, como una forma de declaración política que definió a una generación, en un año, 1969, que se caracterizó por las protestas contra la guerra de Vietnam y los asesinatos de las figuras de Martin Luther King y Robert Kennedy, lo que posicionó a nivel de leyendas a los músicos que allí participaron y que levantaron sus voces en la lucha por la paz y el amor. Años después, 1977, con el movimiento musical punk en su apogeo, los Sex Pistols, ironizaba contra la corona británica en las letras de sus coros, “no hay futuro” y sus compatriotas británicos The Clash en el año 1982, nos invitaban a conocer “nuestros derechos” y el cantautor estadounidense Bob Dylan, también ganador del premio nobel de literatura (2016), su canción «Blowin’ in the Wind», fue descrita por la crítica como una canción protesta, con preguntas sobre temas como la paz, la guerra y la libertad. Sigue esta línea, el Beatle John Lennon, que al separarse de la banda que lo inmortalizó, adopta una postura política en su producción musical con el himno a la paz Imagine y otros éxitos de su autoría que retratan una época. Y en nuestra Latinoamérica cantaba Silvio Rodríguez que la era está pariendo un corazón, sumado a artistas como: Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Alí Primera, entre otros; definiendo en sus canciones posturas políticas en ocasiones directas y en otras había que descifrar sus metáforas. En nuestro país, tenemos registro de esta influencia entre el arte como manifestación política, con el músico Rubén Blades en temas como; Tiburón, Buscando América, “El padre Antonio y el monaguillo Andrés”, haciendo alusión a un claro discurso político en sus composiciones musicales. De igual forma, el cantautor Pedro Altamiranda en discos como: ¡Ve! y Baño de Pueblo entre otros, se convierte en un crítico de la dictadura militar que se vivía en esos años. El rock panameño también produce muestras significativas con la obra del grupo Trópico de Cáncer y su L.P, Sale de su Cantina América Latina, en la década de los setenta, y a fines de los años ochenta el grupo Los 33, lanza una canción con una crítica disimulada contra la dictadura llamada Múdate o Muérete, con resonancia por parte del público en su lanzamiento y que hoy es considerada un clásico del rock panameño. Cerramos con Francisco Changarín, pintor, escritor, periodista y que con su conocida décima, Quiero sembrar un maíz en la zona del Canal, fue un claro manifiesto en contra de la presencia estadounidense en la zona del canal. Después de todo, como dijera el grupo de punk rock Anti-Flag, “si haces arte, haces una declaración política”.
El autor es profesor universitario de ciencias políticas
