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Geopolítica

El conflicto Nagorno-Karabaj

En las últimas semanas las tensiones en el Cáucaso Sur se han recrudecido ante la reactivación de un conflicto latente entre Azerbaiyán y Armenia por el Alto Karabaj (o Nagorno-Karabaj). Tales niveles de intensidad en las hostilidades no se habían alcanzado desde hace casi 30 años. Las implicaciones geopolíticas y jurídicas de este conflicto merecen de nuestra atención y deben ser objeto de un mayor análisis.

Existen diversos matices que inciden en el conflicto, una de ellas es la religión y otra la historia compartida entre ambos Estados. Tanto Azerbaiyán como Armenia formaron parte de la antigua Unión Soviética. La URSS fue un Estado ateísta y luego uno laico hasta su disolución, por lo que el hecho de que Azerbaiyán estuviese conformada por una mayoría chiita musulmana y Armenia por una cristiana ortodoxa no era motivo de mayores tensiones. Es por ello que cuando en 1920 los Soviéticos se tomaron el Cáucaso Sur y establecieron la región autónoma de Nagorno-Karabaj dentro de Azerbaiyán –a pesar de que su población era en un 95% étnicamente armenia– no se produjo conflicto alguno, pues tanto azeríes como armenios podían transitar libremente entre las hermanas repúblicas soviéticas. Esto empieza a cambiar con la perestroika y el glasnost, pues los armenios azerís se vuelven más vocales contra los percibidos intentos de absorción cultural azerí. Además, en 1990, se producen los pogromos contra los armenios azerís que requirieron de la intervención soviética.

Con el colapso de la Unión Soviética en 1991 y la incorporación de Armenia y Azerbaiyán a la comunidad internacional, las tensiones étnico-religiosas en Nagorno-Karabaj evolucionaron a un conflicto armado por el control de la región (1992-1994). Luego miles de bajas en ambos bandos, se logró, con los esfuerzos de Rusia, un cese al fuego en 1994. No obstante, Armenia y los armenios azerís de Nagorno-Karabaj lograron establecer un control de facto en la zona objeto del conflicto y en otros siete territorios adyacentes, a pesar de que de jure dicha región pertenece a Azerbaiyán. En 1991 se proclamó la República de Alto Karabaj (hoy día la República de Arstsaj), la cual no ha sido reconocida por ningún Estado miembro de las Naciones Unidas, ni siquiera por Armenia. Es importante recordar que en el derecho internacional el respeto a la integridad territorial de los Estados es fundamental, por lo que cualquier “ejercicio” secesionista invocando la libre determinación de los pueblos en Na gorno-Karabaj estaría por el momento excluido.

A partir de 1994, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, a través del grupo de Minsk (Estados Unidos, Francia y Rusia), ha liderado los esfuerzos de negociación y mediación, los cuales han sido infructuosos. Las tensiones han continuado y se han producido enfrentamientos de baja intensidad tales como la guerra de los cuatro días (2016) y los incidentes de Julio 2020. No obstante, el escenario actual plantea un nivel de intensidad en las hostilidades mucho más alto que ha llevado al Comité Internacional de la Cruz Roja a hacer un llamado a las partes beligerantes para que respeten el derecho internacional humanitario.

El conflicto también involucra a importantes actores geopolíticos como Rusia y Turquía, quienes ya tienen posturas divergentes en Siria y Libia. Rusia tiene una alianza militar con Armenia, mientras que Turquía, miembro de la OTAN, apoya abiertamente a Azerbaiyán. Tampoco podemos olvidarnos de Irán, quien tiene dentro de su población a una minoría importante azerí, y a Georgia, que depende fuertemente de las importaciones energéticas de Azerbaiyán y que podría verse afectada por el recrudecimiento del conflicto. Al final, los expertos coinciden en que Rusia se está posicionando como un mediador viable.

Ante la falta de interés de Estados Unidos, será importante que Francia se involucre para mantener viva la iniciativa de Minsk. Igualmente, tal como lo recomendó el embajador Carey Cavanaugh, no estaría de más que el Secretario General de las Naciones Unidas, mediante sus buenos oficios, designe a un enviado personal que apoye las gestiones y facilite una desescalada. Adicionalmente, debería activarse el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas e iniciar discusiones tendientes al cese de las hostilidades.

La participación de estos y otros actores será fundamental en el interés de evitar la “balcanización” del Cáucaso Sur o que se impongan modelos parecidos a los de Ucrania (Crimea) y Georgia (Osetia del Sur y Abjasia). Las negociaciones de alto nivel son el único camino para lograr una solución duradera y sostenible al conflicto: un acuerdo negociado entre Azerbaiyán y Armenia.

El autor es abogado y profesor de derecho internacional


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