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Principios religiosos

El debate del salario mínimo y el pasaje bíblico del joven rico

Cada vez que el tema del salario mínimo entra en el escenario de discusión a nivel nacional, surgen opiniones encontradas con respecto al mismo.

La dirigencia empresarial siempre se ha opuesto de manera rotunda a todo aumento del mismo aduciendo un futuro aumento en el desempleo con ribetes apocalípticos. Hace poco se realizó una comparación sobre el salario mínimo en varios países de Latinoamérica en un canal de televisión local, como forma de sustentar el hecho de que en Panamá se vive mejor por tener uno de los salarios más altos de la región. Esta ha sido una de las excusas de la dirigencia empresarial para dejar todo como está y no mencionar nada de aumento, que al parecer es el tema que espanta a muchos ricos en Panamá.

Lo que al canal de televisión le faltó decir en su comparación maniqueista es que Panamá es uno de los países con mayor riqueza en la región centroamericana y con peor distribución de la misma. Panamá también es uno de los pocos países donde el costo de las medicinas y los servicios eficientes de salud están por las nubes y no son accesibles a todos. En Panamá se mueren hombres, mujeres y niños porque no tienen para pagar medicamentos de calidad. También es uno de los países donde se han dado desfalcos multimillonarios al Estado por parte de muchos gobernantes y funcionarios corruptos, sin que hasta la fecha exista ninguno pagando condenas ejemplares, como si ha ocurrido en El Salvador y Guatemala, donde al parecer la justicia es mucho más efectiva y contundente.

Panamá, siendo un país con supuesto alto salario, registra una de las canastas básicas más costosa de la región y paradójicamente hay muertes por desnutrición en áreas sensitivas. A muchos empresarios en Panamá les parece absurdo otorgar días libres por celebración, como ocurrió en el caso de Irving Saladino al ganar la única medalla de oro para Panamá en unas olimpiadas, y en el caso de la clasificación de Panamá a su primer mundial de fútbol.

Días libres son sinónimos de catástrofe económica para Panamá y de pérdidas millonarias al sector de la economía. Tal parece que no existe una identidad con los asuntos nacionales y únicamente está por encima de todo la ganancia y el afán de lucro.

Resulta una ironía que muchos de los que se oponen al mejoramiento de la condición de vida de los trabajadores también se hacen llamar cristianos y celebran hipócritamente muchos rituales de Navidad y año nuevo. Este hecho me recuerda mucho el pasaje del Nuevo Testamento en el que un joven rico se acerca a Jesús para implorarle que desea entrar al reino de los cielos porque ha cumplido todos los mandamientos, a lo que Jesús, con mucha sabiduría, le pide que renuncie a sus bienes materiales y regale todo a los pobres. Esto puso muy triste al joven rico, que decidió retirarse del lado de Jesús y seguir su camino. Ya para ese entonces Jesús vislumbra que a muchos ricos les cuesta desprenderse de un poco de sus riquezas en favor de los más necesitados, igual que ocurre con el asunto del salario mínimo, en el que solo se mira el bienestar de los que más poseen más no así el de los pobres. Han pasado siglos desde aquel episodio del joven rico y todavía no llegamos a entender que somos todos mortales y que nuestra riqueza no debe ser sustento de nuestro egoísmo desmedido. Bien lo sustenta la encíclica “Rerum Novarum” anunciada por el papa León XIII : “la riqueza a nadie pertenece, pues solo somos simples administradores de los bienes que nos ha dado Dios”. No pongo en duda el carácter revolucionario de este documento papal como tampoco soslayo el hecho de que existen empresarios en Panamá con una visión más humanitaria y que han tratado en todas sus acciones de fomentar una mejor forma de vida a los más necesitados.

Lastimosamente son una minoría frente a la visión usurera de muchos empresarios, que solo miran como símbolo sus monedas y la caja registradora, más no así el bienestar de todos. No se trata de dar limosna ni mercadear pobreza en pequeñas teletones, sino de reconocer que hasta los que devengan bajos salarios tienen derecho a una vida digna, así como el disfrute de una mejor calidad de la misma.

Si se menciona la disparidad en la forma de vida de los panameños y de que muy pocos se llevan toda la riqueza acumulada, inmediatamente no faltan los cortos de mente que tildan estos señalamientos de “resentimiento social”, puesto que ellos viven una vida cómoda sin importar lo que le aqueja al prójimo.

La clave está en ponerse del lado de los que sufren la falta de buena asistencia de salud y alimentación, para entonces afirmar que se trata de resentimiento social. Es fácil tildar de resentidos a todos aquellos que alzan su voz contra las injusticias, cuando nuestro egoísmo no nos permite ver más allá de nuestras narices.

El autor es sociólogo y docente panameño


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